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«No hay que creer en los bulos sobre la menstruación», “El dolor es normal”, «He aprendido qué es la pobreza menstrual». Estas frases aparecen escrita en unas gotas de sangre recortadas en papel que rodean el cuerpo femenino que emerge en el lienzo. No es solo una reflexión individual: es la voz compartida de un grupo de mujeres que, a lo largo de varias sesiones, han puesto palabras a experiencias silenciadas durante demasiado tiempo.
Mujeres que apoyamos en Málaga Acoge a través del proyecto Faguas participaron en dos talleres en distintas sedes donde se abordaron contenidos en torno al ciclo menstrual, las violencias, los tabúes, los miedos y las distintas formas de vivir la menstruación según contextos culturales. Estos espacios se construyeron como lugares seguros de escucha y aprendizaje colectivo, en los que también se trabajó la menstruación como un proceso que puede vivirse desde el conocimiento, la autonomía y la seguridad.
Este proceso parte de una realidad clara: aunque la menstruación es un proceso natural, sigue estando rodeada de silencios, estigmas y desigualdades que afectan directamente a la vida de muchas mujeres. La falta de acceso a productos menstruales, la escasa educación sexual, la normalización del dolor o las barreras culturales y sociales —especialmente en contextos migratorios— condicionan la forma en que se vive el propio cuerpo y pueden convertirse en expresiones de violencia.
Durante los talleres, las participantes compartieron experiencias atravesadas por estas desigualdades, pero también comenzaron a construir nuevas formas de relación con su cuerpo. A través del conocimiento del ciclo, el autocuidado y el acceso a información, muchas han podido resignificar su vivencia. Como expresó una de las participantes: “Ahora vivo la menstruación con menos miedo y más comprensión”.
Como culminación de este proceso colectivo, las mujeres crearon una obra artística que recoge simbólicamente todo lo compartido. El cuadro, ahora parte de la colección Artistas Acoge tras su donación, representa a una mujer desnuda emergiendo de una vulva menstruante, rodeada de gotas de sangre que contienen mensajes, aprendizajes y reflexiones. Cada una de esas gotas es memoria, experiencia y también transformación.
«No sabía nada de mi ciclo y he aprendido mucho», «Es importante conocer el olor de la menstruación», «Ha aprendido a controlar el dolor sin pastillas» son algunas de las frases que habitan la obra y que dan cuenta de un proceso que va mucho más allá de lo individual.
Las propias participantes destacaron en un encuentro el 17 de junio el impacto de estos espacios. “Me cambió la perspectiva, me llevé herramientas y me sentí muy cómoda”, compartía Blanca, quien además subrayó el valor de poder transmitir ahora estos aprendizajes a otras mujeres. Otras participantes señalaron haber descubierto aspectos básicos del ciclo que desconocían, así como alternativas naturales para el cuidado menstrual. Ángeles, por su parte, expresó su deseo de que estos talleres continúen y puedan llegar a más personas.
Porque hablar de menstruación no es solo hablar de biología. Es hablar de derechos, de dignidad y de justicia social. Y también de la importancia de generar espacios donde compartir, aprender y transformar juntas.
Este taller se enmarca en nuestro proyecto Faguas que llevamos a cabo con el apoyo del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y la cofinanciación de los fondos de la Unión Europea.
Compartimos una galería de fotos del encuentro:













