No importa que tan recta esté la reja

Era un homenaje a Tricicle en el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre, una mañana de la recién estrenada primavera, del 3 de abril. Pero al ver aquel espectáculo en vivo de un elenco de actores y actrices tan peculiar, que eran internos e internas de la prisión, no podían de venir a mi memoria aquellos versos:

“No importa que tan recta
esté la reja,
que tan cargada de
castigos esté el pergamino.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma”.

Que son algunos de los versos del poema Invictus de William Henley, que mantuvieron vivo y con esperanza a Mandela a lo largo de los 9.855 días que estuvo en la cárcel y que han sido una pieza clave para configurar la película, que con el mismo nombre, ha dirigido Clint Eastwood para narrar la vida del propio Nelson Mandela.

Porque más allá del teatro gestual Homenaje a Tricicle y más con los diversos sketches de tenis, bebés, sanitarios trucho, moscas cups y payasos” con el sentido canto final del Resistiré, estaba la labor del equipo de voluntarios y voluntarias de Málaga Acoge que acude asiduamente a cárcel de Alhaurín y entre cuyas actividades estaba este taller de teatro.

Una labor que para el que acude por primera vez a la prisión es mucho más. Y es el ver cómo hacer brotar la autoestima, el trabajo en equipo y el poder hacer algo para los demás, en unos hombres y mujeres en situación carcelaria, que en nuestro caso hacían de actores y actrices, pero que escondían unas vidas no contadas. Unas vidas que seguramente jamás serán contadas, pero que eran el gran argumento de los que mirábamos embobados aquel derroche gestual.

Efectivamente, al despedirnos de aquel grupo de internos e internas, que con su espectáculo logró emocionarnos, junto a un espontáneo “bravo por los voluntarios y voluntarias de Málaga Acoge”, estaba la pregunta que luego nos trajimos a casa ¿qué vidas se esconden detrás de estos hombres y mujeres, que hoy, para decirnos algo, habían hecho de actores y actrices?

Como no nos dejaron entrar ni teléfonos móviles, ni cámaras de fotos, nos quedamos con algunos de sus nombres: Deiby, Víctor , “Papito Angarica”, Nelson, Sergio, Antonio, Francisco, Tamara, Vanesa, Hajar, Tania o Valentina. Para recordarlos y para entender mejor eso que dice Tricicle: “Nos llaman mimos los que no tienen ni idea de lo que hacemos. No puedes dudar que tras la simplicidad hay un mundo”.
En una sociedad donde los estereotipos y los tópicos son más altos que los muros de la prisión, ¿Habrá que atravesar largos corredores, cerrojos, puertas que parecen abrirse y cerrarse solas para intentar entender que una fina raya, solo una fina raya, hace que su libertad y la nuestra estén siempre separadas?

Luis Pernía Ibáñez pertenece a la Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz (ASPA) y es presidente de la Plataforma de solidaridad con los y las inmigrantes de Málaga.

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