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Málaga Acoge pone en marcha un curso de Ayudante camarero barista en el que participan 15 jóvenes · Es una iniciativa enmarcada en el programa Incorpora Joven.
Encontrar trabajo. Y trabajar, trabajar, trabaja… Esto es lo que más desean y así lo manifiestan, las personas asistentes al curso Ayudante camarero barista que se imparte en la sede del Área de Empleo de Málaga Acoge, en la calle Ollerías de Málaga capital. Cuando me incorporo a la clase para hacer este reportaje, uno de los alumnos está hablando de su preocupación de cara al futuro, de la utilidad del curso y, sobre todo, del tiempo que pasa demasiado rápidamente para ellos sin tener trabajo. “Necesito trabajar ya”, afirma con rotundidad el joven marroquí de diecinueve años.
Eugenia Sánchez, técnica de Málaga Acoge y profesora del curso, les explica, con mucha paciencia, lo necesario que es formarse en un mercado tan competitivo como el actual, donde la competencia es muy dura y la formación significa un plus especial que puede marcar la diferencia entre ser o no ser contratados. Mientras, a nosotros, Eugenia nos cuenta detalles del curso:
“Son quince las alumnas y alumnos. El curso consta de 300 horas divididas en: 100 horas de competencias transversales, 100 horas de formación técnica y otras 100 horas de prácticas en empresas. Hubo veinticuatro candidatos que debían cumplir unas condiciones mínimas: ser jóvenes en situación de riesgo de exclusión social, tener menos de 30 años y estar inscritos en el programa Incorpora. Málaga Acoge es la encargada de gestionar el proyecto y ejecutarlo parcialmente, como es la impartición del primer módulo. El curso está financiado por la Fundación Bancaria «la Caixa», dentro de su programa Incorpora Joven.”
Solo hay tres mujeres en el curso. ¿Por qué esta diferencia? Eugenia me explica que las jóvenes tienen mucha menos disponibilidad para acudir a estos cursos, al tener que hacerse cargo de familiares (hijos especialmente). En cuanto a nacionalidades hay cinco marroquíes, dos ucranianos, una argelina y siete españolas y españoles. La mayoría de los asistentes tiene diecinueve años.
Me llama la atención lo de “barista” en el título del curso.
“Es porque tiene un módulo de café en el curso. En cuanto a las prácticas, son fundamentales para las alumnas y alumnos, pues además de engrosar su CV, es una gran ocasión para que el empresario les conozca y pueda hacerles un futuro contrato. Todo ello teniendo en cuenta, además, que el curso terminará en abril, con la temporada turística comenzando”.
“La clase de hoy se centra en la autoestima. Se trata de que nos conozcamos, de que seamos autónomos y tengamos seguridad en nosotros mismos”, cuenta Eugenia a los participantes de este curso. Cada alumna y alumno ha anotado en una hoja lo que considera sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Además, qué acciones han realizado y no han tenido éxito. Se analiza el por qué esa falta de éxito. Se trabaja la autonomía e iniciativa personal.
Aprovecho el descanso para hablar con las alumnas y alumnos. Algunos de ellos han hecho trabajos en prácticas, pero no les han contratado; en el caso de los inmigrantes la razón básica es que no tienen permiso de trabajo. Mohamed es un joven bien parecido, arreglado, alto, sonriente y amable, que no duda en contarnos su historia. “Soy marroquí y tengo diecinueve años. Llevo cuatro años en España. Llegué con catorce años y me metieron en un centro de menores, hasta que cumplí dieciocho y salí; tuve suerte y Cáritas me consiguió plaza en un piso de acogida, primero en Torremolinos y después en Churriana, donde vivo ahora”. Mohamed se enteró de este curso a través de un amigo. Se acercó a Málaga Acoge, se inscribió, hizo una entrevista y le admitieron. “Anteriormente hice unas prácticas de camarero, pero no me pudieron hacer un contrato porque no tengo el permiso de trabajo. Antes estuve en la Universidad Laboral, haciendo un curso de cocina, pero no pude terminarlo, porque me operaron y perdí mucho tiempo de baja. Me gusta mucho el tema de la cocina, por eso tengo ganas de hacer este curso y a ver si así puedo entrar en algún restaurante o cafetería”.
La experiencia de Mohamed en el campo de la restauración le llevó a Francia: “Al terminar el colegio (el centro de menores) fui a Francia, a Grenoble, donde un amigo me consiguió un contrato de cuatro meses, pero no me lo pudieron renovar porque no tenía papeles. Y luego volví a España”. Mohamed es de Marrakech, habla árabe, francés y un español bastante bueno. Le pido, si no le importa, que me cuente por qué se vino a España. “Yo estuve estudiando en Marrakech hasta los trece años. Entonces tuve problemas con mi padre, que no quería que yo siguiese estudiando y me fui de casa. Estuve un año y medio por diversos sitios de Marruecos, hasta que llegué a Ceuta. Después de unos meses conseguí pasar a España y llegar a Málaga”. Tras estos años en España, ¿te gustaría volver a Marruecos? “Yo quiero quedarme en España, pero sí me gustaría volver a ver a mi madre, pues no la veo desde que me fui. A ver si consigo un trabajo, ahorro dinero y voy a verla. Ya tengo el permiso de residencia, solo me falta el permiso de trabajo y, claro, un empleo”.
Sorprendentemente a Mohamed no le gusta el fútbol, sino el boxeo, que practica siempre que puede. Se nota que le gusta mantenerse en forma.
Ahora me dirijo a una de las alumnas. Se llama Oliva, es simpática, abierta, habladora. La pregunto por la procedencia de su apellido (Wagner): “El apellido es de mi padre, que era alemán. Mi madre es colombiana y se conocieron en Estados Unidos, donde nací yo, hace 18 años. En el año 2000 me trajeron a España, cuando tenía dos años, por eso no tengo acento ni colombiano ni americano”. ¿Cómo te enteraste de este curso? “Una compañera del piso de acogida donde vivo me habló de este curso que organiza Málaga Acoge. Me interesó muchísimo, porque me da la oportunidad de aprender, de hacer prácticas y, con suerte, de conseguir un trabajo. El problema, como nos pasa a casi todos que estamos aquí, es que no tenemos permiso de trabajo y no nos pueden ofrecer un contrato. Eso es lo que me pasó en unas prácticas que hice anteriormente como ayudante de cocina en el hotel Reina Victoria; cuando terminaron las prácticas no me pudieron ofrecer un contrato, porque era menor y estaba en riesgo de exclusión. Aunque no me contrataron, esas prácticas me sirvieron de mucho, pues me quitaron el miedo a relacionarme con la gente, la vergüenza, la timidez, me sentí más segura de mi misma y conocí a gente interesante. Como me gusta el mundillo de la hostelería, este curso creo que me va a gustar mucho y me va a venir muy bien”. Oliva es muy desenvuelta, habla con sentido y sin vergüenza, lo que le va a servir en el mundo de la restauración. Además, me dice que habla un inglés fluido.
Oliva no ha tenido una vida fácil. Huérfana de padre a los dos años, tuvo una infancia difícil. Su madre, por motivos de salud, no la podía cuidar muy bien, teniendo momentos buenos, pero con continuas recaídas. Cuando tenía diez años una vecina avisó a los servicios sociales y la llevaron a un centro de menores; desde entonces no ha vuelto a vivir con su madre. Como ella dice, “vivo en la soledad, pero me defiendo muy bien, incluso me considero afortunada, dentro de lo difícil que está siendo mi vida. Soy emprendedora, activa, optimista y extrovertida. Creo que la vida me ha enseñado a estar segura de mi misma, a estar siempre en mi sitio”.
Oliva es de nacionalidad americana. “En algún momento pregunté sobre la posibilidad de tener la nacionalidad española, pues me favorecería el acceso a los países y mercado de la UE, pero tenía que renunciar a la nacionalidad americana, y pensé que por ahora no lo iba hacer, porque estoy segura de que me abrirá muchas puertas. De hecho ya me ha pasado, que ven en mi CV que soy de New Jersey, USA, y me preguntan si hablo inglés, ¡claro que hablo inglés!, y eso me ayudará a encontrar trabajo, seguro”.
Deseo mucha suerte a Oliva, a Mohamed y al resto de alumnas y alumnos del curso. Ojala que les sirva para encontrar trabajo.
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