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Mercy David Aihie llegó a España en 1999, aunque ella dice que no cuenta los años. “Vengo de África, de Nigeria. Es muy duro allí. Vine para buscar una nueva vida y oportunidades para ayudar a mi familia”, recuerda. Viajó acompañada de quien entonces era su mejor amigo y que hoy es su pareja.
Con 48 años, es madre de tres hijos. Su hijo mayor, de 29 años, reside en Nigeria y estudió Química, aunque ahora trabaja de diseñador gráfico. “En mi país es difícil trabajar en lo que uno ha estudiado si no tienes contactos”, comenta. Sus dos hijas pequeñas, de cuatro y tres años, viven con ella en Fuengirola. La menor acaba de empezar la escuela, un paso importante que Mercy afronta con ilusión.
En Nigeria, antes de migrar, tenía previsto empezar estudios de Enfermería, pero se quedó embarazada y comenzó a trabajar como recepcionista. Posteriormente decidió migrar junto a un amigo. Gracias a la ayuda de algunos conocidos y al dinero ahorrado, pudieron obtener la documentación para viajar. En España empezó en Madrid trabajando en la limpieza. Poco a poco fue regularizando su situación y encadenando distintas experiencias: “Estuve en Ibiza, con una pareja en una inmobiliaria; allí me saqué el carné de conducir e hice un curso de peluquería”.
En 2003 regresó a Málaga con la intención de iniciar un negocio que no llegó a prosperar. Más tarde, en 2009, le diagnosticaron un tumor que no pudo operarse hasta cuatro años después. Pese a las dificultades, siguió adelante con determinación.
Mercy nunca ha dejado de lado su deseo de formarse. En Mijas se sacó el título de la ESO para personas adultas. Allí conoció a una mujer marroquí que le habló de Málaga Acoge. “Las matemáticas no se me daban bien y en la asociación me apoyaron en mis estudios”, explica. Gracias a ese acompañamiento en la entidad se formó como camarera de pisos y comenzó a trabajar en hoteles de la Costa del Sol. También realizó cursos de ventas y Administración.
“Siempre que necesito trabajo llamo a María Jesús”, cuenta, refiriéndose a la técnica del área de Empleo con la que mantiene un vínculo cercano. En 2020 trabajó en el hotel Barceló, donde conoció a Fany, y de ahí dio el salto a su empleo actual, también a través de la asociación. “Si no hubiera conocido Málaga Acoge no hubiera sabido qué es ser camarera de piso. Aunque es un trabajo duro, estoy bien. Estoy muy agradecida”.
Mercy señala que lo que más le ha ayudado a salir adelante han sido su hijo, que vive en Nigeria con su madre, y la propia fuerza de esta última. Durante la pandemia de la Covid-19 volvió a quedar embarazada y siguió trabajando y formándose en cursos online.
Su espíritu de aprendizaje la impulsa a seguir mirando hacia adelante. Entre sus objetivos está retomar el ciclo de FP de Administración que tuvo que interrumpir por motivos laborales y familiares: “Voy a hacer esa formación sí o sí, aunque tenga 80 años”, afirma con convicción. También sueña con emprender un día: “Me gustaría trabajar en una oficina o montar mi propia empresa, una tienda de comida o de ropa”. Además, le apasiona la costura: “Me encanta coser. Compro telas en mercadillos para hacer vestidos y un día aprenderé. Ese es mi sueño”.
A pesar de sus logros, ha vivido algunas situaciones amargas. En uno de los hoteles donde trabajó fue despedida de forma repentina y cree que el motivo fue el color de su piel. “Me sigue doliendo”, confiesa. Sin embargo, su actitud se mantiene firme: “Persigue tus sueños y no hagas caso del racismo. Sigue tu camino y pregunta, pregunta, pregunta. Antes era muy vergonzosa y ahora hablo y pregunto mucho”.
Mercy aconseja a quienes migran como ella lo hizo que no se rindan: “Que piensen en lo que han dejado atrás, para que eso les dé fuerzas. Sé que es difícil salir de tu país y volver a empezar en otro, más aún si no tienes documentos”. Recuerda sus primeros tiempos en los que dormía en la estación de autobuses junto a su amigo y pedía monedas para comprar agua.
En el presente, quiere tramitar la nacionalidad española y la de sus hijas, a las que educa en un entorno bilingüe. En casa les habla en inglés para que crezcan dominando tanto este idioma como el español. Además, disfruta de la lectura, siempre en inglés, otra manera de conectar con su identidad y transmitirla a las más pequeñas.
“Lo que me ha hecho fuerte ha sido mi hijo en Nigeria y mi madre. Ellos me han dado las fuerzas para continuar”, resume con serenidad, antes de despedirse para ir a comprar la mochila escolar de su hija mayor.
Mercy es un ejemplo vivo de resiliencia, y esperanza. Una mujer que no renuncia a sus sueños, que se apoya en la educación para forjar un futuro mejor y que anima a otros a hacer lo mismo: no rendirse nunca.





