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Cuando en 2021 Fany Prieto nos abría las puertas de su historia, hablaba de los primeros pasos en España, del tiempo como trabajadora interna y camarera de pisos, y de su incansable deseo de formarse y crecer. Cuatro años después, volvemos a conversar con ella en el marco del 35 aniversario de Málaga Acoge, y descubrimos a una mujer que ha seguido avanzando, siempre con la motivación de mejorar, aprender y ofrecer oportunidades a otras personas migrantes.
Paraguaya, madre de Dalila —que está a punto de cumplir 24 años—, Fany es hoy subgobernanta en un hotel de la costa de Benalmádena, en la zona de Torremuelle. No es el primer establecimiento en el que ha trabajado en este puesto: en los últimos años ha pasado por grandes cadenas como Barceló en Fuengirola, el Occidental de Torremolinos o un hotel boutique en Málaga. Reconoce que se mueve mucho porque busca la estabilidad laboral, la cercanía a su domicilio y, sobre todo, la oportunidad de seguir creciendo profesionalmente. “Por donde te muevas, en cada sitio te llevas un aprendizaje, sea bueno o malo. Han sido tres hoteles y en los tres he aprendido mucho, y eso es lo que me ha permitido mejorar”.
Su trayectoria siempre ha estado vinculada al departamento de camareras de piso, donde llegó a ser jefa de equipo y gobernanta. Y, como insiste, esa experiencia explica su manera de gestionar: “Como empecé desde abajo sé muy bien lo duro que es este trabajo. Y porque lo sé, me preocupo por las trabajadoras. Tratar bien, motivar y cuidar al personal es fundamental. Si trabajas a gusto, el trabajo sale mejor”.
En su actual equipo conviven varias mujeres que han pasado por las formaciones de Málaga Acoge. Algunas hicieron sus prácticas en el hotel y lograron quedarse con contratos fijos discontinuos. Fany las menciona con orgullo —Fátima, Julia, Mahida y otras más— y subraya que este compromiso es su forma de devolver la ayuda que recibió en su día: “Al ser migrante tengo más empatía. Las veo a todas por igual y creo que hay que dar oportunidades a todo el mundo. Ese granito de arena hace mucho”.
Esa mirada de apoyo se refleja también en lo personal. Como madre, celebra los pasos de su hija, que lleva tres años trabajando en una residencia de mayores en Málaga y está a punto de iniciar estudios de Técnico de Farmacia. “Ella aprendió de mí que el esfuerzo y la constancia son claves. Nada ha sido fácil, pero con empeño todo se alcanza”.
La familia sigue siendo un eje central en su vida. En Paraguay permanecen su padre, dos hermanos y una sobrina, a quienes intenta visitar cada dos años. La última vez viajó junto a su hermana —que también reside en España— y su hija: “Ir las tres juntas fue una alegría inmensa para mi padre”. Lamenta la pérdida de su madre, y sigue ahorrando con una pequeña hucha para costear tanto esos viajes como el carné de conducir, otro de sus objetivos inmediatos.
En el día a día, Fany se cuida y busca espacios para desconectar: el gimnasio, correr por el paseo marítimo, caminar, o desayunar con su hija en ese pequeño ritual que ambas comparten en los días de descanso. Le apasiona viajar —recuerda su experiencia reciente en Marruecos, además de escapadas a Roma, París o Ámsterdam— y ha construido círculos de amistad y apoyo que son reflejo de la diversidad que siempre ha valorado.
Al hablar de Málaga Acoge, su gratitud es profunda y reiterada. “Siempre tendré presente a la asociación. Ha sido una oportunidad, un punto de luz en mi vida. Cuando sales de tu país hay muchas cosas detrás: momentos buenos y otros muy tristes. Realmente me cambió conocer Málaga Acoge porque empecé a hacer cursos, incluso uno de inglés al principio, conocí a María Jesús, me formé como camarera de pisos. Mi hija también participó en los campamentos de verano. Mi vida está marcada por la asociación”.
Hoy, mirando hacia adelante, mantiene ilusiones claras: asentarse de forma definitiva en un hotel donde sienta que ha encontrado familia, ver a su hija realizar su vocación y compartir su vida con su actual pareja, con la que sueña en futuro.
Al final de la conversación, Fany vuelve a la esencia de su mensaje: la dignidad en el trabajo, la importancia de las oportunidades y la confianza en la capacidad de las personas migrantes. “Todas y todos tenemos el potencial de crecer, pero depende de nuestro esfuerzo y constancia. Yo he pasado de ser maestra en mi país a jefa en un hotel, y lo que me sostiene es que me gusta mi trabajo y me gusta estar con las personas. Pienso muchas veces en mis trabajadoras como alumnas: aquella psicología que aplicaba con alumnos en Paraguay la uso ahora para apoyarlas y motivarlas. Es lo que me ha servido para estar hoy aquí y trabajar bajo presión. Porque, al final, lo que de verdad te hace mejor es el respeto”.
Esta entrevista forma parte de una serie especial realizada por Málaga Acoge con motivo de nuestro 35 aniversario. A través de estas historias de vida, queremos visibilizar la fuerza, la determinación y la esperanza de las personas que acompañamos cada día. Sus testimonios reflejan el valor de la diversidad y la importancia de la solidaridad para construir una sociedad más justa e inclusiva. Gracias por acompañarnos en este recorrido y por celebrar con nosotros más de tres décadas de apoyo y nuevos comienzos.





