Mañana de diversión, adrenalina e interculturalidad para una quincena de alumnos de la Axarquía

Una quincena de alumnos de nacionalidades como Rumanía, China, Marruecos o Mali participan en una actividad organizada por Fanny Sola, responsable del departamento de Educación de Málaga Acoge en Torre del Mar · Así, mientras disfrutan con la tirolina, el rocódromo o un puente colgante, mejoran su español, conocen a nuevos compañeros y se mejora su integración en la comunidad.

En el gimnasio andan todos con un casco con la cabeza. En dos esquinas, varios chavales se suben por las paredes. En otra, alguien pasea por un puente colgante. En la última, una chica se lanza desde una tirolina. Se escuchan risas por todas partes. Y también palabras en diferentes idiomas. «Es que esto es guapísimo. Me encanta. Lo estamos pasando genial», explica Ahmed Kassim, un marroquí de 15 años.

Él forma parte de la quincena de chicos y chicas de entre 13 y 17 años de lugares tan dispares como Marruecos, Rumanía, China o Mali que participan en una de las actividades propuestas por Málaga Acoge dentro del programa de Mediación Social Intercultural, desde la perspectiva de la convivencia en los Centros Escolares en Andalucía. Un programa que desarrolla la entidad en las denominadas Aulas Temporales de Adaptación Lingüística (ATAL) de los institutos de educación secundaria María Zambrano y Miraya del Mar, ambos en Torre del Mar. Lugares en los que se trabaja con los estudiantes inmigrantes que necesiten apoyo por su bajo dominio del idioma o cualquier otra situación social. Allí, la técnica responsable, Fanny Sola, se encarga de trabajar en cuestiones de sensibilización, mediación preventiva y de adaptación de esos chavales. Pero también trabaja con el resto de alumnos, los autóctonos, para conseguir que haya más puentes de conexión entre unos y otros y finalmente todos normalicen su situación.

Ese es el trabajo diario que realiza Fanny en ambos centros educativos, pero en este caso, el entorno ha cambiado. Muchos se han subido por primera vez al tranvía que une Torre del Mar con Vélez-Málaga para llegar hasta el IES Reyes Católicos, donde participan en una actividad que busca «cambiar la rutina diaria, pero también ser un punto de encuentro entre alumnos de diferentes institutos, nacionalidades y realidades», explica Fanny. Así, mientras todos disfrutan de la tirolina, el puente colgante, los rocódromos o las montañas de cajas desde el techo atados a un arnés, se ven forzados a usar el castellano para hacerse entender, charlan con compañeros de otros centros y comparten experiencias. «Ojalá pudiéramos hacer esto más a menudo. Es mucho más divertido y aprendemos un montón», afirma Aasma alumna del IES Miraya del Mar, de 14 años, también marroquí y que pretende repetir su paseo por el puente colgante a pesar de su vértigo. «¡Es que es divertidísimo!», asegura.

«La labor de Fanny es muy variada, pero quizás algo que nos gusta mucho y que funciona especialmente es que los chicos y chicas cuente cuál ha sido su viaje migratorio», explica Victorina mientras observa a varios alumnos tocar el techo del gimnasio tras ascender por el rocódromo entre cuerdas y arneses. Ella es profesora de interculturalidad en los IES María Zambrano y Miraya del Mar y es compañera de Fanny como parte del programa de interculturalidad que desarrolla la delegación de Educación de la Junta de Andalucía en centros de toda la región. La actividad a la que se refiere consiste en que los alumnos cuenten a través de fotografías, trabajos, relatos y cualquier otro formato, la historia de su viaje hasta España, porque muchos de ellos se han visto obligados a migrar como parte de la migración de sus familias. «Para ellos este tipo de cosas son muy liberadoras, se quedan tranquilos, cuentan sus historias», explica Fanny, que se encarga también de que todo ese material forme a final de curso una exposición por la que pasará toda la comunidad educativa de sus centros, incluidas sus familias. «Así su experiencia sirve a los demás, todos se conocen y se comprenden mejor. Y la integración se va logrando poco a poco», subraya.

«Lo que buscamos con esta gran actividad y el día a día en las aulas ATAL es que el alumnado aprenda el idioma y se integre lo más rápido posible a la vida diaria del centro educativo, algo que enriquece también al alumno autóctono», añade Victorina, que también destaca el papel de Rafa, el educador social, que trabaja con todos los alumnos «en riesgo de descolgarse del sistema educativo». Eso incluye problemas con el idioma, situaciones familiares complicadas, chicos de centros de acogida… Independientemente de su nacionalidad, algo que ayuda a que alumnos inmigrantes y autóctonos se mezclen aún más y aumente la integración.

«Al final se trata de trabajar con todos los alumnos y alumnas de los centros a lo largo del año porque pensamos que la escuela es una oportunidad para construir a partir de la diversidad y enriquece a toda la comunidad. Nuestro objetivo último es crear ciudadanía, más allá de nacionalidades o cualquier otro aspecto», concluye Fanny, que, además de su trabajo diario en los centros, está ya preparando nuevas actividades para las próximas semanas con la intención de modificar la rutina y mejorar la integración del alumnado.

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