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La primera vez que Houria cogió un lápiz fue en una de nuestras clases de español. «Lo sujeté con las dos manos, así», explica, tomando el bolígrafo y dejando impresos varios trazos de tinta azul en mi cuaderno de entrevistas. «Mi primer colegio fue Málaga Acoge. Gracias a Dios ahora puedo escribir, aunque sea lentamente, y leer los precios para saber cuánto vale una camiseta o una fruta», valora esta mujer de Nador, de 60 años, madre de cinco hijos. De un familia de nueve hermanos, de niña no fue a la escuela. Junto con su hermana mayor hacían pan cada día como les enseñó su madre, limpiaban, lavaban la ropa en la terraza… Cuenta que vino a España para que sus hijos estudiaran y tuvieran un buen futuro. «Cuando viajé tenían 11, 9, 2 y un año y la más pequeña nació aquí», explica Houria, que lleva 29 años en Málaga.
Cada martes y jueves coge el autobús rumbo a las clases de español a las que acude desde hace muchos años y que le dan alegría. «Me siento bien, primero porque salgo de casa -dice riendo- y aprendo». Dedica la mayoría de su tiempo a cuidar de una hija con discapacidad -no puede caminar desde pequeña- y está superando un cáncer que le detectaron hace algo más de un año. El curso pasado faltó porque estuvo pendiente de ella y su tratamiento.
Fue en 2008 cuando Houria comenzó a venir a las clases y nombra con cariño a profesoras como Tere Cobos, Adela, Luisa y María Victoria. «Las clases de María Victoria son muy tranquilas y ella es como una segunda madre para mí. Paso mucho tiempo con ella, cuando tengo un problema me llama, me pregunta cómo estoy y por mi hija».
Cuando no está cuidando de su hija, a Houria le gusta pasear, comprar, ir a la Mezquita, donde tiene muchas amigas. También cocinar. De sus hermanos, varios viven en Nador y una hermana mayor en Oslo (Noruega) donde fue de visita el año pasado. Sus hijos se están abriendo camino en Málaga, ciudad que, dice, no cambia por nada. «Mi hijo estudió para piloto pero aún no tiene trabajo, otra hija está terminando la carrera para ser profesora, otra quiere ser Policía y otra es ayudante de un abogado…».
Aunque reconoce que aún le cuesta hablar en español, y que se pone nerviosa, asegura que entender, entiende todo y que ahora sí que puede escribir bien.
«Ella no se quiere ir nunca», dice María Victoria mirando a Houria, un nombre que en árabe significa libertad. «Es muy buena, muy trabajadora, cumplidora. Ha tenido muchos problemas en la vida pero los supera con fuerza y alegría. Somos amigas. Nos queremos mucho». La profesora, que se incorporó como voluntaria en 2011, tres años después de jubilarse, considera que en las clases forman una familia: «Málaga Acoge es eso, una familia, y para eso estamos aquí».
Al terminar la entrevista y antes de hacerse una foto con María Victoria, Houria le dio un beso. «Tenéis que venir a mi casa a tomar te y un cuscus», nos invitó.

Houria mira por la ventana de una de las aulas en las que se imparten nuestro curso de español en Málaga
Esta entrevista forma parte de una serie especial realizada por Málaga Acoge con motivo de nuestro 35 aniversario. A través de estas historias de vida, queremos visibilizar la fuerza, la determinación y la esperanza de las personas que acompañamos cada día. Sus testimonios reflejan el valor de la diversidad y la importancia de la solidaridad para construir una sociedad más justa e inclusiva. Gracias por acompañarnos en este recorrido y por celebrar con nosotros más de tres décadas de apoyo y nuevos comienzos.





