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El Punto Formativo Incorpora de Auxiliar de Personas a Domicilio ya está en marcha en Málaga y Antequera. Un grupo de personas, con trayectorias muy diversas, ha comenzado una formación que combina parte teórica y prácticas en empresas para abrirse puertas en el sector de los cuidados. Las aulas se han llenado de historias de esfuerzo, vocación y ganas de trabajar “como corresponde”. Cinthia, de Paraguay, lo resume así: “Ya tengo el NIE y ahora puedo capacitarme, formarme y trabajar como corresponde”.
Patricia, brasileña, lleva un año y medio en Málaga y ya tiene la residencia que le permite trabajar. “Me gusta mucho el sector de los cuidados. Yo cuidé de mi madre trece años, me gusta acompañar a personas mayores, aprendí con mi madre”, cuenta. Y cuenta que actualmente cuida a una persona por las noches”. Javier, venezolano, es el único hombre del grupo. “Estoy trabajando y vengo aquí a formarme mejor», explica. Para muchas participantes, el cuidado no es solo un oficio: es algo que ya han vivido en casa. Adriana, de Paraguay, deja a su hija de 21 meses en la guardería de La Cala para poder venir al curso. Francis, también de Venezuela, llegó hace dos años y medio y desde entonces ha trabajado cuidando a personas mayores. “Vengo a la formación para encontrar un trabajo estable, un contrato”, dice. Hizo su proceso de regularización en nuestra sede de Torre del Mar y, cuando le llegó la admisión de su solicitud a trámite, supo que podía dar este paso. “Me gusta el curso”, asegura.
Elisabeth, de 22 años y española, asegura que participa en la la formación para prepararse porque le gusta el cuidado de personas mayores. Dice que está algo acostumbrada a tratar con ellas: “Mi madre tiene una peluquería y la mayoría de la clientela son personas mayores”, apunta.
“Me apasiona cuidar”
Nancy, de Colombia, ya trabajó en residencias en su país. “Me gusta muchísimo, es lo mío compartir con las personas mayores. Siento que son ellas las que necesitan que le dediquen tiempo”, explica. Para ella, el cuidado va más allá del salario: “Me apasiona cuidarlas, dedicarles el tiempo; cuidar a una persona mayor, por mucho que te estén pagando, no tiene precio». Aunque aclara que sus estudios no tienen nada que ver con este sector y que podría homologarlos, asegura que ha elegido dedicarse a los cuidados. “No lo tomo tanto como trabajo sino como algo que me gusta. Cuando se hace sólo por trabajo no se hace con el mismo agrado y entrega a la persona. Para mí este trabajo te tiene que nacer”, añade.
Otra de las participantes, Maggie, de Francia, viene al curso porque quiere cambiar de sector. “Siempre he sido secretaria y administrativa en empresas francesas y por mi edad veo complicado continuar en este empleo. El cuidado de personas mayores es un sector con más apertura”, considera. Estuvo un año trabajando como cuidadora externa con una señora en Barcelona y allí confirmó su vocación: “La verdad es que me gustó y pienso que es a lo que quiero dedicarme hasta que me jubile”. Valora especialmente las prácticas incluidas en el punto formativo.
Luz Marina, de Venezuela, llegó hace dos años con su familia por la situación en su país. “Mi esposo vino con una enfermedad y ha salido adelante”, cuenta. Es abogada, pero nunca llegó a trabajar como tal: “Me quedé cuidando de mis tres hijos”. Ahora, con 66 años, sigue adelante con mucha energía. “Voy a cumplir 66 años, pero tengo mucho ánimo”, dice. Su historia con el cuidado viene de lejos: “Mi madre vivió 100 años y mis hermanas y yo nos turnábamos para cuidarla; tuve una hermana de la que me hice cargo hasta los 84 años, que murió. Siempre he estado en el mundo del cuidado y me ha gustado”. Actualmente trabaja de viernes por la noche hasta el domingo a las ocho, como interna, acompañando a una pareja con Alzheimer. “Es duro. Él se queja y no sabe identificar qué le duele”, explica. Además, es voluntaria de una asociación de Alzheimer.
Con esta formación busca “trabajar ayudando a otras personas”. Vive en Rincón de la Victoria y, con el dinero del trabajo del fin de semana y otros de limpieza, cubre los gastos del transporte. “Así, a mi edad, yo me siento muy útil. Lo importante es la actitud”, concluye.
Por su parte, Shamila, de Marruecos, que aprende español en nuestras clases de castellano, quiere hacer este curso para mejorar en el trabajo. Ya cuida a una persona y dice que le gusta. Lleva dos años en España y aún no ha recibido la residencia de la regularización. “A veces no entiendo bien, pero las chicas me ayudan”, cuenta. Por su parte, Alba Lucía, de Colombia, lo tiene claro: “Tengo un don de servir y me es fácil esta profesión; soy sociable y tolerante”. Cuenta que cuidó a una mujer con Alzheimer severo, en Alameda, y a otra en Málaga porque se fracturó una pierna. También a una mujer de 101 años durante diez meses y medio, hasta que falleció. “Siempre he querido capacitarme”, explica. Hizo un curso de inserción laboral y entró en la Plataforma de Cuidados de Personas Mayores y Ancianos Cuideo.
El Punto Formativo Incorpora, que impulsamos con el apoyo de Fundación «la Caixa», busca ofrecer una formación completa. Incluye una parte de prácticas en empresa en la que las participantes podrán llevar a la realidad lo aprendido y ganar experiencia. Con esta combinación de teoría, práctica y acompañamiento, el objetivo es claro: facilitar el acceso a un empleo estable en un sector con demanda, a personas que ya tienen vocación, experiencia y muchas ganas de salir adelante.
Compartimos una galería de fotos, las dos primeras de la puesta en marcha del Punto Formativo en nuestra sede de Antequera:
















