![]()
El trayecto de su casa al trabajo era corto, apenas diez minutos hasta la clínica en la que era administrativa, pero iba cada día con miedo de sufrir un robo o un secuestro. De hecho, ya lo habían intentado tanto con ella como con su marido, empleado como comercial de ventas: «Llegar se hacía una eternidad, con la angustia de que podía ser atracada. Era una constante ansiedad», recuerda Daniela* que dejó Venezuela junto a Alberto* huyendo de la crisis y la inseguridad imperantes.
Esta pareja llegó a Málaga en febrero de 2019 y comenzó a vivir en uno de los pisos de acogida para personas solicitantes de protección internacional que mantenemos en Torre del Mar en el marco del proyecto Tarhib.
«Estuvimos en un piso compartido con otra familia y luego, cuando comenzó el confinamiento en marzo de 2020 pasamos a una vivienda los dos solos en la que estuvimos hasta octubre», cuenta Daniela, quien subraya que no tiene «suficientes palabras de agradecimiento para el equipo de Málaga Acoge, que siempre estuvo al pie del cañón».
Recuerda que los dos aprovecharon bien el tiempo de confinamiento para hacer varias formaciones online que la entidad organizó a través de su programa de empleo Equilem: «Nos enviaron páginas web con orientaciones de empleo y nos ayudaron con los currículum», afirma. Antes del estado de alarma también participó con su marido en un curso de Manipulación de Alimentos.
Lamenta que la pandemia interrumpiera algunas actividades con las que estaban «muy emocionados» como un taller audiovisual que comenzó la segunda semana de enero de 2020 y en el que participaba todo el grupo de personas solicitantes de protección internacional: «Esos talleres eran muy buenos, una experiencia intercultural que uno necesita cuando uno llega a un país nuevo».
Valora la tranquilidad y la seguridad que han encontrado en España.
Acostumbrados como estaban a permanecer mucho tiempo en casa en Venezuela, cuenta que no les afectó mucho el encierro como tal: «Durante el estado de alarma se podía salir poco, al supermercado u otros lugares, pero al menos lo hacíamos con seguridad, sin tener que estar pendientes de que alguien nos estuviera siguiendo, con la certeza de que podíamos conseguir lo que necesitáramos para la semana».
Allí en Venezuela quedaron la madre y el hermano de Daniela, entre otros parientes. «Con mi madre mantengo contacto a diario porque tiene 82 años. Con esta pandemia hay una preocupación constante por mi familia«.
Desde hace tres semanas, Daniela y Alberto viven en Jerez donde han sido acogidos en uno de los pisos que gestiona Diaconía. Nuestro equipo de protección internacional se esforzó por encontrarles este recurso para que sigan adelante. «Por nuestra situación económica no podíamos seguir manteniéndonos en Málaga», lamenta Daniela. Ella y su marido tienen concedido el asilo por razones humanitarias y lo que desean ahora es encontrar un empleo: «Queremos trabajar, a ver si mejora la situación y se reactiva el sector comercial».
En Jerez dice que les va todo «muy bien», que han hecho talleres de actualización del currículum para bolsas de trabajo con Diaconía. «Estamos abiertos a empleos en el área comercial y de atención al cliente, en eso nos podemos manejar. Confiamos en tener una oportunidad».
El apoyo que prestamos a Daniela y Alberto se inscribe en el programa Tarhib para la Acogida e Inclusión social de personas solicitantes y beneficiarias de Protección Internacional, financiado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (Dirección General de Inclusión y Atención Humanitaria).
*Daniela y Alberto son nombres ficticios
Ayúdanos a apoyar a las personas más vulnerables que lo están pasando mal en esta crisis. Con tu colaboración contribuirás a mejorar la situación de muchas familias que atendemos en Málaga Acoge. Colabora AQUÍ





