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Este jueves participamos en un coloquio del ciclo “11 idiomas, 11 miradas” organizado por la Escuela Oficial de Idiomas (EOI), un espacio de encuentro y reflexión en el que compartimos mesa con entidades como CEAR y Cruz Roja para hablar sobre la enseñanza del español como herramienta de inclusión.
En representación de Málaga Acoge intervino nuestro voluntario Antonio Guirado, quien puso voz a una realidad que llevamos construyendo desde hace más de veinte años y que viene sosteniendo nuestro voluntariado: nuestras clases de español.
Actualmente contamos con 13 personas voluntarias en el curso de Málaga, a las que se suman los equipos de Torre del Mar, Antequera y Fuengirola. Un trabajo colectivo que sostiene un proyecto donde el aprendizaje del idioma va mucho más allá de la gramática.
Antonio explicó que el perfil del alumnado refleja los movimientos del mundo. Aproximadamente el 70% de las personas que asisten a clase son de Marruecos, en su mayoría árabes, junto a personas de Ucrania. Pero también llegan personas de contextos marcados por conflictos recientes, como Irán. A ellas se suman otras procedencias diversas: Pakistán, Brasil, Mali, Armenia, Congo, China, Polonia, Libia o el Sáhara.
Detrás de estos datos hay historias atravesadas por la vulnerabilidad. La inestabilidad social y económica impacta directamente en el aula: hay alumnas que llegan sin haber comido después de trabajar, otras viven en tiendas de campaña, algunas no han podido ni desayunar.
En este contexto, las clases de español se transforman en algo más profundo. Como expresó Antonio: “nuestras clases se convierten en un refugio”.
También habló de los retos de la alfabetización: personas que no saben leer ni escribir en su propio idioma pero que pueden comunicarse oralmente en castellano, y otras que aún no manejan el idioma en ninguna de sus formas. Para acompañarlas, el equipo recurre a herramientas como el mimo o la dramatización. Compartió, por ejemplo, cómo se acurrucó junto a dos alumnos iraníes para transmitirles el significado de la palabra “miedo”, demostrando que enseñar también es saber comunicar desde el cuerpo y la emoción.
Más allá de los contenidos, el objetivo es claro: que las personas se sientan cómodas, seguras y acompañadas, «que se puedan valer». Porque, como señaló, «lo verdaderamente importante es el vínculo que se crea con el alumnado«. Una vez que ese vínculo existe, todo lo demás puede comenzar a construirse.
En muchos casos, estas clases representan el primer espacio de estabilidad y seguridad en años.
Durante el coloquio, en el que participaron Alexandra Bouteaux, de Cruz Roja, Susana Pérez, de CEAR, y Vanessa Roca, responsable del departamento de clases de español de la EOI, todas las entidades coincidieron en algo esencial: la enseñanza desde el compromiso transforma tanto a quien aprende como a quien acompaña.
Antonio quiso cerrar su intervención recordando una frase de Teresa, una voluntaria de Antequera que resume este espíritu:





