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Gabriel tiene 19 años y está “muy feliz”. Hace unos días consiguió la residencia en España, un permiso que le permitirá vivir y trabajar aquí con más tranquilidad. Para él, esta noticia supone un paso importante: podrá organizar mejor su vida, comenzar una nueva etapa y acercarse a sus objetivos, entre ellos estudiar un grado medio de Informática y encontrar un empleo.
Pero Gabriel no solo ha recibido apoyo de Málaga Acoge. Durante el proceso de regularización extraordinaria también fue voluntario de la entidad. Desde nuestra sede de Málaga ayudó a otras personas que estaban presentando sus solicitudes. Ahora que él también ha conseguido regularizar su situación, quiere seguir colaborando y aprendiendo. Durante su voluntariado participó en la acogida de las personas que llegaban a la sede. También hizo traducciones y ayudó a completar la documentación necesaria para realizar los trámites por internet. En varias ocasiones pudo poner sus conocimientos y los idiomas que habla al servicio de otras personas. Durante la entrevista, por ejemplo, llega a la sede una persona que solo habla árabe. Gabriel, que es de Marruecos y habla cuatro idiomas, se ofrece enseguida para traducir.
Para él, acompañar a otras personas ha sido una experiencia “muy importante”. Asegura que ha aprendido mucho y que quiere seguir haciéndolo.
Ayudar a la gente sin esperar otra cosa a cambio me hace feliz porque siento que he puesto un poco de mi parte para mejorar su vida, explica.
Antes de marcharse, vuelve a ayudar a Carmen, una de nuestras compañeras, con la traducción para atender a un par de personas. Después habla con Alejandro, otro de los jóvenes voluntarios que colaboraron durante el proceso de regularización. Los dos le piden que les haga una foto juntos en la puerta de la sede.
Un nuevo comienzo
Gabriel llegó a España en 2024 desde Beni Mellal. Es el menor de seis hermanos. Uno de ellos vive en Portugal y el resto continúa en Marruecos. En España vive con su padre, Mohad, que también es voluntario de Málaga Acoge. Su familia decidió venir porque considera que la cultura española es parecida a la marroquí. Sobre la situación de Ceuta, Gabriel cree que las personas que intentan llegar solo buscan cambiar su vida y encontrar nuevas oportunidades. No lo ve como un problema político, sino como el deseo de muchas personas de buscar “algo mejor” y construir “otra vida”.
Durante el verano ha trabajado en un almacén. Ahora quiere encontrar un empleo que le permita seguir avanzando y compaginarlo con sus estudios. En Marruecos estudiaba Bachillerato de Mecánica, pero en España quiere cambiar de camino. Su objetivo es comenzar un grado medio de Informática. Gabriel tiene claro que estudiar es una prioridad: “Quiero estudiar para tener una carrera”, afirma. También quiere trabajar y continuar construyendo poco a poco su futuro.
La residencia le permitirá hacerlo con más libertad y tranquilidad. Una de las cosas que más ilusión le hace es poder viajar. “Haber conseguido la residencia me ha dado libertad, libertad para viajar”, cuenta. Cuando tenga la oportunidad, le gustaría conocer Asia.
Málaga Acoge es como una casa, una familia
Gabriel habla con agradecimiento de Málaga Acoge. Para él, la entidad es mucho más que un lugar al que acudir para realizar un trámite o recibir apoyo. “Málaga Acoge me parece una buena asociación. Siento que es una casa, más que una asociación, como una familia”, afirma. Por eso, después de recibir acompañamiento durante su proceso, decidió dar un paso más y ayudar a otras personas. Ahora agradece el apoyo recibido y se compromete a seguir colaborando en el futuro.
Para que podamos seguir acompañando a personas como Gabriel, necesitamos contar con el apoyo de nuestra comunidad. Tu colaboración nos ayuda a mantener nuestros proyectos y a seguir construyendo espacios en los que más personas puedan encontrar orientación, apoyo y nuevas oportunidades. Puedes colaborar AQUÍ.
La historia de Gabriel resume un camino compartido: llegó buscando nuevas oportunidades, encontró apoyo y también se convirtió en apoyo para otras personas. Hoy, con su residencia concedida, se prepara para empezar a estudiar, trabajar y seguir ayudando.







