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Felipe y su familia llegaron a Málaga a fines de septiembre, tras un largo viaje desde Argentina y con un plan que, apenas unos meses antes, era otro. “Durante dos años estuve recopilando documentación para hacer la carpeta de ciudadanía y poder ir a Cerdeña (Italia), donde vivía un amigo de mi hermano”, recuerda. Sin embargo, la nueva ley impulsada por el gobierno de Meloni cambió los requisitos para obtener la nacionalidad, y su sueño italiano se desvaneció.
Vendieron todo, dejaron sus dos trabajos estables en Mar del Plata y una vida construida poco a poco. Ella trabajaba como comercial de ropa y él en tareas administrativas y gestión de ventas. “Empezó a estar todo muy caro y la seguridad era un problema. A mis padres les robaron en casa”, cuenta. Con 1.400 euros en el bolsillo, Felipe, su mujer Rocío —embarazada de siete meses— y su hija de un año y medio emprendieron un nuevo rumbo hacia España.
En Marbella los recibió un conocido que les cedió un piso durante unos meses para que pudieran asentarse. Pero el dinero se agotó rápido y la incertidumbre crecía. Fue entonces cuando Felipe se puso en contacto con Málaga Acoge. “Mandé un correo contando nuestra situación y pude hablar con Carmen. Me dio un abrazo, me tranquilizó en un momento en que estaba muy mal”, recuerda con emoción.
Mientras tanto, la familia sobrevivía con lo poco que podían generar: Rocío preparaba alfajores de maicena para venderlos a 10 euros la docena. “A veces le compraban una por día, otras una cada cuatro días, y con eso pagábamos la comida”.
Nuestra entidad acompañó a la familia tanto a nivel social como jurídico, sirviendo de puente con entidades como Red Madre, donde en diciembre impartimos una formación dirigida a mujeres embarazadas y madres recientes sobre procedimientos de Extranjería. Rocío, que acababa de dar a luz en noviembre, participó e incluso comenzó a ayudar a otras mujeres que conoció. No era algo nuevo para ella. En Argentina había formado parte junto a Felipe de la asociación cívica Sopa de Letras que, entre otras labores, ofrece comida a más de 300 personas en situación vulnerable cada semana.
Gracias al apoyo de nuestra abogada Ana Dori, Felipe pudo recopilar los documentos necesarios para registrar el nacimiento de Bianca Aitana, su segunda hija, y tramitar su situación legal en España. “Ana Dori nos ha ayudado muchísimo en todo lo relacionado con los papeles”, destaca.
El camino, sin embargo, no ha sido nada fácil. Hubo momentos en los que pensaron en regresar. “Allí están nuestros amigos y familiares, sabía que podía encontrar trabajo”. Pero la esperanza y el acompañamiento de las entidades -también nombra el gran apoyo de Cáritas- les permitieron continuar. Felipe consiguió empleo en una obra, un trabajo nuevo para él. “No sabía hacer mezclas, ni cemento, pero lo que me motivaba eran mis hijas”.
Durante esos meses también tuvieron que buscar vivienda, un proceso complejo y lleno de obstáculos. “Nadie aceptaba familias con niños”, lamenta. Finalmente, encontraron un bajo habilitado como vivienda en Miraflores -una habitación, salón cocina y un baño- por 900 euros. Sin el apoyo de Cáritas no habrían podido entrar. Hoy, con un sueldo de 1.200 euros, casi todo se destina al alquiler y los gastos básicos.
Rocío continúa vendiendo sus alfajores, a través de Instagram, desde su cuenta @Mateydulce, mientras la familia va devolviendo poco a poco la ayuda recibida. “Todos podemos vivir momentos difíciles, pero hay que tener actitud para salir adelante”, reflexiona Felipe.
El aprendizaje que se lleva de este proceso es profundo: “Cuando uno no da más, no hay que encerrarse en los problemas, sino levantar la mano y saber pedir ayuda. En Argentina yo era el que ayudaba, y aquí tuve que aprender a aceptar ese apoyo”.
Poco a poco, la situación comienza a estabilizarse. Felipe tiene su NIE (Número de Identidad de Extranjero) y está a punto de recoger su TIE, que acredita su residencia legal en España e incluirá permiso de trabajo. “Mi jefe me ha ayudado mucho y me ha dicho que podrá darme de alta”. Su rutina no es sencilla —se levanta a las 5:40 de la mañana, viaja hasta Benalmádena y de ahí a San Pedro de Alcántara—, pero valora cada paso.
“Uno de nuestros sueños en Argentina era construir una casa. Queremos tener nuestra vivienda propia y poder viajar, conocer otros países”, cuenta. A sus 27 años, junto a Rocío, de 28, sigue mirando hacia adelante.
Los fines de semana aprovechan para disfrutar en familia, salir al parque o recorrer algún rincón nuevo de la provincia. “A pesar de todo el proceso, estamos muy contentos. Tuvimos momentos de desesperación, pero nos encontramos mucha gente solidaria”. Hoy, Felipe y su familia miran el futuro con esperanza, “tirando p’alante”, como dicen en su nueva tierra.
El apoyo a la familia de Felipe se inscribe en el marco de nuestro proyecto Tésera de Atención integral a personas migrantes y refugiadas desde el ámbito social y jurídico, que realizamos con apoyo de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad.





