«Me siento muy contento cuando puedo ayudar a la gente»

por Agustín Olías*

Cuando el pasado martes 7 de junio caminaba hacia la sede de Málaga Acoge en Fuengirola algo “especial” flotaba en el ambiente. Cuando hago este recorrido, no muy habitualmente, me cruzo con personas que por su vestimenta supongo marroquíes, aunque bien podrían ser argelinas o de otro país musulmán; especialmente mujeres que llevan a sus hijos al colegio o están haciendo sus quehaceres matutinos. Pero hoy me encontraba, además, con hombres ataviados con unas relucientes gandoras blancas y las mujeres vestían especialmente elegantes. Solo cuando me he reunido con Adil, voluntario de Málaga Acoge en Fuengirola con quien tenía concertada una entrevista, he salido de mi ignorancia: se celebraba el Aïd al-Fitr (fiesta de ruptura del ayuno para los musulmanes), día especial para asistir a las mezquitas.

Pero pasemos a lo que realmente me ha traído a nuestra sede de Fuengirola: conocer a Adil. Es marroquí, joven de 30 años (sí, a mi edad puedo decir que es joven), voluntario de Málaga Acoge desde principios de 2017 y, recientemente, debido a su humanidad y generosidad como voluntario, fue propuesto por Málaga Acoge Fuengirola para ser reconocido en la Gala del Voluntariado que organizó el Ayuntamiento de Fuengirola; además, habla muy bien español. Él termina de presentarse:

“Soy Adil Amman, nací en Larache, al norte de Marruecos. Estuve estudiando hasta llegar a Secundaria, que no terminé. Entonces me planteé muy seriamente qué quería hacer con mi vida. Allí todo era muy duro, teníamos pocos recursos y, hablando mucho con mi hermano que vivía en Londres, decidí venir a España. Me advirtió de que la vida en España no sería fácil, pero yo estaba dispuesto a todo para salir de Marruecos. Él arregló todo para que yo fuese a Bilbao, donde tenía familia. Entonces tenía 17 años.”

Hasta ahora no lo he dicho, quizás es el momento de hacerlo: Adil es minusválido y necesita usar silla de ruedas desde su infancia.

“Mi necesidad de usar la silla de ruedas era un problema en mi ciudad, pues no está preparada para ir con ella por las calles, ni las casas ni los sitios públicos están adaptados. Por otra parte, en el colegio no sufrí ningún tipo de discriminación; todo lo contrario, los compañeros, chicos y chicas, me defendían si alguien se metía conmigo.”

¿Cuánto tiempo y cómo fue tu estancia en Bilbao?Cuando llegué un conocido me llevó a la policía y al juez, quien tenía que hacer la orden para que me pudiese quedar en España. Como era menor de dieciocho años me llevaron a un centro de menores, donde estuve más o menos año y medio.

Me imagino que la vida allí no te sería fácil.Fue duro porque yo era el único en silla de ruedas y el lugar no estaba totalmente adaptado, aunque en ese sentido siempre encontraba a alguien que me ayudaba. Algunos chicos que allí había eran muy rebeldes, se peleaban a menudo entre ellos y con los educadores; casi todas las noches venía la policía a poner orden. Yo aproveché el tiempo y en tres meses ya hablaba bastante bien español; además estudié  informática. Como tuve buena conducta, unos meses antes de cumplir los dieciocho años me sacaron del centro y me enviaron a un apartamento totalmente adaptado. Pero el tiempo húmedo y frío me sentaba muy mal y cada poco tiempo tenía que ir al hospital. Así que hablando con familiares, vine a Torremolinos, a casa de una tía mía.

 ¡Bien!, ya estás cerca de Fuengirola. Estuve cuatro años viviendo con mi tía, pero tenía que independizarme y lo hice viniéndome a Fuengirola, hace ya siete años, a un apartamento de mi familia donde vivo ahora mismo.

¿Tú solo?Sí. El apartamento no está adaptado totalmente para mi, pero me defiendo bastante bien, recibo a mi familia, a mis amigos, hago la comida, friego los platos. Estoy contento. Solo me faltaría trabajar; al principio estuve un mes y medio trabajando con una empresa de seguros, pero lo dejé porque eran muchas horas de trabajo, de nueve de la mañana a nueve de la tarde, y solo cobraba, poco, cuando contrataba alguna póliza; y no se contratan pólizas todos los días.

¿Cómo fue conocer Málaga Acoge?Unos amigos me hablaron de la asociación, que me podrían ayudar para encontrar trabajo. Vine y aprendí a hacer mi curriculum y usar internet para buscar empresas y sitios web donde enviarlo. Por ahora no he encontrado trabajo, pero no desespero y quisiera que estuviera relacionado con la Informática. Mientras tanto me estoy preparando, con la ayuda de Eva (técnica de Málaga Acoge en Fuengirola), para sacar el título de Secundaria. Además, en noviembre, me examino de la segunda parte del examen para obtener la nacionalidad española. Aprobé la de español y ahora me queda la de cultura.

Y ya que estabas por aquí como usuario, decidiste dar el paso a voluntario ¿Por qué? En general me siento muy contento cuando puedo ayudar a la gente, y pensaba que si no tenía trabajo, disponía de tiempo para dedicarlo a echar una mano a las personas que necesitan ayuda. Se lo dije a Eva, me dijo que claro que sí, Alejandra me entrevistó, y aquí estoy, muy satisfecho con el trabajo que hago. Estoy en Acogida, donde recibo a las usuarias y usuarios que llegan, les doy información, citas con nuestras técnicas, les dirijo a los sitios donde pueden solucionar sus problemas, etcétera. Hablar varios idiomas -Adil habla árabe, español, francés e inglés- es muy útil en mi tarea, porque aquí viene gente de diversas nacionalidades, y si no hablan español yo puedo hacer de traductor; es muy importante que nos podamos entender. Cuando encuentre trabajo, me gustaría tener tiempo para seguir colaborando con Málaga Acoge.

Me encanta verte tan entusiasmado con tu labor de voluntariado.Claro que sí. Es muy importante el trabajo de Málaga Acoge. Cuando vives en España no sabes las cosas tan terribles que están pasando en África. Si, por ejemplo, hablamos de discapacitados, allí no hay ningún derecho básico, ni los hospitales están preparados para atenderlos. Te voy a contar una experiencia personal: el año pasado, el 25 de diciembre, me puse enfermo por un virus que me llevó a estar en coma durante un mes. Según me explicaron luego, tenía solo un 20% de probabilidades de sobrevivir. Salí del coma y tras un mes más en la UCI, pude volver a mi casa. Creo que si no hubiese estado en España, no habría sobrevivido. Estoy muy feliz en España.“

Ya va siendo hora que nos despidamos de este joven amable y simpático. Agradezco a Adil el tiempo que nos ha dedicado, que nos haya contado parte de su experiencia vital y que esté trabajando como voluntario en Málaga Acoge. Y ¡enhorabuena por el reconocimiento recibido¡ Está feliz por ello, pero se pregunta si se lo merece de verdad. ¡Pues claro!

*Agustín Olías es voluntario y secretario de la Junta Directiva de Málaga Acoge

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