La voz de los jóvenes en movimiento

Sentados en sillas dispuestas en círculo y tras compartir un desayuno en nuestra sede de calle Ollerías, menores no acompañados de entre 17 y 23 años cuentan quiénes son, cuál es su realidad y expresan sus preocupaciones. Algunos viven en centros de menores, varios están en pisos de acogida de entidades sociales y otros duermen en recursos para personas sin hogar de Málaga como el albergue municipal o San Juan de Dios. Les escuchamos:

“Me llamo Mohammed. Soy de Marruecos. Tengo 17 años y vivo desde hace uno y medio en el centro de menores de Álora”. “Yo me llamo Zakarías. Tengo 19 años. Llevo siete en Málaga y estoy en un piso de la Asociación Marroquí”. “Me llamo Brahim. Soy un extutelado. Tengo 23 años. De momento estoy en la calle, no tengo donde estar”.

Housni, Brahim, Youness y Ayoub. Abdelmonin, Zakarías, Mustapha, Abdelilah… jóvenes en movimiento con distintas historias y circunstancias y el denominador común de haber dejado atrás a sus familias en sus países de origen para empezar una nueva vida en España.

Todos llegaron siendo niños y con la idea de encontrar un empleo para mejorar su situación y la de sus familiares. “Pensaba que cuando pasara por el centro de menores se resolverían mis papeles y podría trabajar”, dice Brahim, que cumplió la mayoría de edad en 2013, salió del centro de menores, y años después aún no ha podido regularizar su documentación. “He estado en el albergue San Juan de Dios pero me he quedado sin plaza y duermo en la calle”.

A Mustapha, que vive en el centro de menores de Álora desde hace un año y cinco meses, sólo le quedan días para cumplir los 18 años. Entonces, saldrá del sistema de protección y deberá emanciparse. “No me han explicado nada”, contesta cuando se le pregunta si le han explicado algo sobre la documentación que necesitará. “No sé qué voy a hacer”.

Entre las principales preocupaciones de los chicos está la falta de documentación que les permita encontrar un trabajo una vez que dejan de los centros de menores. Algunos, los pocos, ocupan plazas en pisos de acogida. Los más, se ven abocados a la calle o a recursos para personas sin hogar en los que -coinciden al afirmar- no se sienten bien.

“El albergue es regular”, dice Youness. También han pasaron por estos lugares para personas sin hogar Kamal, Housni, Brahim, Hicham…El hecho de haya personas en situación de drogodependencia y otras mucho más mayores que ellos, hace que estos lugares no sean los más adecuados para estos chicos que acaban de salir con 18 años recién cumplidos de la tutela de un centro de menores. “Hay gente mala”, dice Kamal. “Si hubiera jóvenes sería mejor.”, acota Zakarías.
Si pudieran hacer un reclamo, Ayoub -seis meses en el centro de menores de Álora a donde le trasladaron desde el de Torremolinos- quisiera tener “oportunidad de trabajo”, mientras que su compañero Mohamed pediría “más pisos de acogida a partir de los 18 años” cuando quedan en situación de vulnerabilidad al salir del sistema de protección del Estado muchos de ellos sin documentación. Main, que vive en uno de los pisos de Mundo Infantil, cree que es preciso mejorar la formación y la asistencia psicológica a los chicos. “No hay suficiente formación en los centros de menores”, afirma y cree que es muy importante “escucharles”.

En la reunión están presentes nuestros compañeros Rabía y Jesús, que trabajan diariamente con los jóvenes extutelados que apoyamos en los pisos de acogida, Santiago, trabajador social de Mundo Infantil. Algunos hablan en árabe porque apenas hablan español, y Rabía hace de traductora.

“Llegué con 13 años y ahora tengo 23”, dice Brahim, que tiene aún sus papeles en regla ¿Quién me devuelve ese tiempo?. “Hay perros con pasaporte que pueden viajar y yo no puedo porque no tengo documentación. Para trabajar se necesita documentación y quien no tiene no puede trabajar. He estado buscando empleo por toda España”.

“Aquí venimos a trabajar, no a robar”, dice Zakarías, que actualmente hace prácticas de un curso de cocina y se pregunta por qué los chicos como él no pueden salir de los centros de menores con permiso para trabajar.

Youness cuenta que estuvo dos años en Melilla. De Melilla fue a Granada y de allí a Jerez de la Frontera. Su principal preocupación era el momento en que se quedaría “en la calle” al salir del centro de menores. Ahora mismo está en Málaga para incorporarse a alguno de los programas de los entidades sociales.

Hichan cuenta que tiene su permiso de residencia caducado desde hace dos meses, Abdelilah que duerme en San Juan de Dios, Housni lleva cinco meses en Málaga y vive en un piso de acogida que Málaga Acoge mantiene en El Palo. Kamal lleva cuatro meses en Málaga y también ocupa una plaza en otro piso de los cuatro pisos que tiene la asociación para jóvenes extutelados. Abdelilah, de 18 años, acaba de salir de un centro de acogida y vive con Zakarías en un piso gestionado por la Asociación Marroquí.

“Todos hemos sido víctimas y vendrán más víctimas de los sueños falsos dispuestas a arriesgar sus vidas por ver qué hay aquí”, dice Main.

Estos jóvenes en movimiento están a nuestro lado, pero se sienten invisibles.

“No existimos aquí (en España), de verdad. Yo me siento bien porque tengo la documentación. Si no la tienes en cualquier momento te pueden echar”, advierte Zacarías, quien pregunta al término del encuentro: “¿cuándo hacemos otra reunión como esta?”.

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