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Llegó a España desde Venezuela el 9 de enero junto a sus dos hijos. Desde entonces, la vida de Isis Atenea —como ha pedido llamarse para esta entrevista— ha sido un camino de fuerza y renacimiento. Pasó sus primeros meses en Málaga capital y, desde el 4 de julio, vive en Fuengirola, en uno de los pisos de acogida que gestionamos para personas solicitantes de protección internacional. Allí ha comenzado a escribir un nuevo capítulo de esperanza para sí misma y su familia.
Contó que decidió dejar su país impulsada por la necesidad y el amor: “Los principales motivos fueron las dificultades económicas, la salud de mi hijo de 23 años, que tiene necesidades especiales, y sobre todo mi hija trans, que fue muy discriminada”, recordó. Su voz es más calmada al hablar de la angustia con la que vivía. “Tenía miedo de que le hicieran daño. Vivíamos en una localidad muy chapada a la antigua y las personas mayores, sobre todo los hombres, no lo veían bien.”
El director de la escuela incluso le llegó a pedir que su hija se cortara el cabello. Fue entonces cuando tomó una decisión radical: vender su casa y volar. Salieron de Venezuela en 2023 con destino a Suecia, donde solicitaron protección internacional sin éxito: “Por eso vine a España, atravesando cinco países por carretera. Ha sido un milagro haber llegado”, advierte. Con una sonrisa, recuerda las palabras de un amigo que la animó en los momentos más difíciles: “Ten paciencia, va a ser tu mayor reto, pero también tu mayor victoria.”
Isis Atenea se define como una mujer trabajadora. En Venezuela se formó en cocina y aprendió el oficio de la zapatería junto a su padre. “Mi orgullo y fuente de inspiración siempre fueron mis padres, sobre todo él —explica—. Crecí en una familia de zapateros y enseñé también ese arte a mi hijo».
Su hijo, asegura, ha encontrado en España una gran oportunidad. Gracias a un curso de albañilería gestionado a través de Málaga Acoge, ha logrado avanzar con autonomía. “Siento mucho orgullo por él porque, a pesar de sus limitaciones, terminó su formación. Siempre trato de inculcarles valores como la humildad, que es la puerta que abre todos los caminos.”
La perseverancia de Isis Atenea empiezan a dar nuevos frutos. Actualmente cursa una formación de camarera de sala a través de Cruz Roja, derivada por Málaga Acoge. “Al principio me sentía insegura —reconoce—. Dejé de hacer tantas cosas por dedicarme a mis hijos… Pero ahora estoy feliz, me arreglo, me pongo guapa y salgo con ilusión”.
Su entusiasmo aumenta cuando comparte una buena noticia: “Empiezo mañana a trabajar en el Trocadero, de cocinera. Estoy feliz”. Como su horario será nocturno, de seis a doce, quiere terminar el curso de camarera para cumplir su objetivo y obtener su diploma. “Yo trabajé de cocinera muchos años en Venezuela. Nunca estudié, pero lo aprendí”, afirma con orgullo.
Escribir como refugio
Además del trabajo y la formación, Isis Atenea ha encontrado en la escritura una forma de sanar. Ha publicado un libro titulado Un viaje a mi verdadero yo, un relato autobiográfico en el que recorre su infancia y las pruebas que la forjaron como mujer. “Es más que un libro, es un testimonio de vida —explica—. Quiero que mis hijos sepan quién fue su madre, de dónde vinieron.”
El texto, escrito en primera persona, nació “gracias a Dios, a mis padres y a mis hijos”, y se gestó en el espacio de calma que encontró dentro del programa de acogida: “Aquí tuve la tranquilidad para escribir. Lo había empezado hace cinco años, pero en Málaga Acoge pude terminarlo”. Logró publicarlo el 29 de septiembre de manera electrónica. Ya trabaja en la segunda parte, que narrará su vida desde su primera maternidad a los 15 años.
“Escribir ha sido mi refugio —dice—, y será un impacto para mis hijas, porque allí está la realidad, sin faltarle un punto ni una coma. Es un legado para que entiendan que fue la vida la que me llevó hasta donde estamos ahora”.
A lo largo de su vida, Isis Atenea se ha enfrentado al rechazo, la pobreza y el desarraigo. Fue madre soltera, superó una relación distante con su padre y nunca dejó que la adversidad le cerrara el camino del aprendizaje: cursó Ingeniería en Sistemas e Higiene y Seguridad industrial. “Para mí un ‘no’ es un ‘sí’”, afirma entre sonrisas.
Hoy celebra cada paso como una victoria. “Estar en el piso ha sido maravilloso: un lugar bajo techo, segura, donde nadie me va a echar. Es la oportunidad que necesitaba para crecer y mejorar”. Y deja un mensaje para otras mujeres que, como ella, han tenido que empezar de nuevo lejos de su país: Que no se rindan. Por más pequeños que sean los logros, nosotras somos más fuertes”.
El apoyo a Isis Atenea se enmarca en nuestro programa Acción Concertada de Acogida e Inclusión social de personas solicitantes de Protección Internacional que llevamos a cabo con el apoyo del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Dirección General de Gestión del Sistema de Acogida de Protección Temporal (Subdirección de Programas de Protección Internacional).





