«He trabajado duro. Nadie me ha regalado nada»

Saily trabaja mañana y tarde. Los lunes, miércoles y viernes empieza temprano, a la siete. Es madre de dos niños y hace dos años que está empleada como auxiliar de ayuda a domicilio en la empresa Serainant en Antequera, una ocupación que le «encanta». Durante el estado de alarma no paró de trabajar, aunque reconoce que pasó «mucho miedo» y que «lloraba emocionada cuando la gente aplaudía en los balcones».

«En la sede de Málaga Acoge en Antequera me ayudaron a encontrar este trabajo. Me gusta. Soy independiente, me pago mi piso, mis facturas. Estoy muy contenta«, afirma esta mujer que dejó su pueblo de la Habana en Cuba hace quince años y que ha participado en varios cursos de formación en nuestra entidad. Vivió casi ocho años en Francia antes de venir a España con sus hijos y su marido del que se tuvo que separar.

«Pasé años terribles. Me vi sola. Sin familia, con dos niños, no tenía ni para comprar el pan», recuerda Saily, sobre los tiempos duros de los que salió a flote gracias al apoyo de distintas asociaciones. Vivió primero en Fuengirola y allí en 2016 hizo un curso de cuidados sanitarios a personas mayores organizado por nuestra sede con el apoyo de Globalemplea. Más tarde se mudó a Antequera donde ha participado también en diversos cursos y talleres de empleo y apoyo a mujeres. «Me encanta Carmen», dice refiriéndose a nuestra compañera trabajadora social de Antequera: «Es un apoyo psicológico muy bueno. Para empoderarnos a las mujeres, darnos valor, seguridad, para no tengamos que depender de nada».

En sus años en Francia trabajó como camarera de piso, sacó el C1 de francés e hizo un curso de un año de secretaría médica.Y es que le gustan los idiomas: «También sé inglés y hasta un poco de italiano», apunta, y agrega cuando terminó el bachillerato en Cuba lo que quería ser era profesora de inglés.

En sus cuidados a personas mayores dice que tiene mucha «paciencia y tacto» y que a veces le resulta triste «porque los viejitos se mueren y uno les coge cariño y ellos a ti» . Durante el confinamiento tuvo que trabajar menos horas, atendiendo sólo a las personas más graves que no tenían familia pero sintió un «miedo, un terror, que no te puedes imaginar» de poder contagiar a sus hijos.

Son una niña y un niño de 11 y 13 años y «muy buenos estudiantes», presume, «y las circunstancias han hecho que maduren antes de la cuenta». Destacan en ciencias y en letras: uno ha sido campeón provincial de Málaga de Matemáticas y a ella le gusta escribir y ganó el primer premio de un concurso con un relato por el Día de la Paz. «Están locos por empezar el colegio. Les encanta vivir en España. Parece que nacieron aquí», apunta.

Aunque desde que se fue no ha vuelto a Cuba, el año pasado invitó a su madre, a la que no veía hace seis, a pasar tres meses de verano.

Saily asegura que «hubo un tiempo en que no podía sacar la cabeza para respirar», pero que ahora sí puede y todo va recuperando su lugar. Ahora me siento bien». También insiste en que ha trabajado duro para llegar dónde está. «Nadie me ha regalado nada».

 

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