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En un momento donde la intolerancia y el odio parecen ganar terreno, los recientes hechos ocurridos en Murcia el 9 de julio nos alertan sobre el peligro de las falsas excusas y los discursos que incitan la violencia contra la población migrante. Fátima Z. Aharez, vicepresidenta de la entidad, reflexiona en nuestro espacio Málaga Solidaria de La Opinión de Málaga sobre cómo la manipulación de una agresión aislada desencadenó una ola de ataques y estigmatizaciones que afectan a familias inocentes y ponen en riesgo los valores de convivencia, diversidad y respeto que Málaga Acoge defiende. Frente a un contexto donde la exclusión crece y la humanidad se resquebraja, es fundamental recordar que la verdadera identidad de España está en la acogida y la solidaridad, no en el odio ni en la exclusión. Puedes leerlo aquí y lo a continuación:
¿Es esta la España que queremos?
a punta del iceberg fue derrumbándose de más a más, con más rapidez, con más intensidad, con más peso y con más odio.
El objetivo para canalizar la salvajez que nos inhumanita crece con himnos nazis, de tortura, de llantos inocentes, de socorros que hacen eco en Torre Pacheco.
Lo que pasó en Murcia este 9 de julio, una agresión por parte de extranjeros hacia Domingo Tomás, de 68 años. Este caso que seguía bajo investigación detonó el bulo perfecto, la excusa para justificar cacerías humanas, la unión de grupos como Deport Them Now o Desokupa incitaron ataques contra la población migrante.
Incitando y exponiendo como realidad una mentira que recobró el odio de muchos, atacando directamente a familias inmigrantes, familias inocentes, familias leales y legales.
Desubicaron los hechos y los trasladaron a un barrio sin culpa, sin las manos manchadas les culparon de un delito del que son exentos.
¿Ésta es España?
No es musulmana, pero tampoco Jesús fue español. Él vino de tierras lejanas, extranjeras, como tantos otros que hoy también llegan desde lejos. A veces olvidamos que la fe que muchos proclaman como propia también nació lejos, en un rincón del mundo donde el desierto es testigo hoy en día de genocidios y masacres.
Sé perfectamente que la España cristiana no se levanta contra los inocentes. Lo que duele no es la religión, sino que los no practicantes y los que perdieron los valores de la fe gritan a viva voz una narrativa muy mal narrada.
Nuevas voces de bandera verde y una caja de españolitos bombardean con sonrisas desde lo más alto con discursos de odio, que no representa ni la mitad de la población española, ni cristiana, solo para los que una cortina de ignorancia y falacias fue oportunidad de ser y atacar a legales ilegalmente.
¿De verdad estamos orgullosos de una España excluyente? ¿Estamos presenciando un paso atrás de un país liberal?
Yo solo veo las estrellas derrumbarse sobre un mar lleno de culpa, una conciencia que se va retroalimentando de odio, tapando la vergüenza que muchos deberían sentir, las estrellas deberían iluminar el camino seguro, estas solo son una trampa que se enrolla sobre el cuello de muchos inocentes cual espiga, degollando en silencio mientras otros gritan en nombre de una religión.
Sabemos que, si el orden de las palabras fuese alterado y dijeran «España no es cristiana, es musulmana» todos lo que pensaron por un segundo eso estarían bajo arresto de intento y promoción del terrorismo.
Pero en este caso, el orden es legal. Las masacres se presentan como si fueran una película de acción… pero no lo son, señoras y señores. Esto es real: un barrio, una población, un país con miedo. Los migrantes tienen miedo, sí, pero lo peor de todo, también han metido miedo a los españoles. ¿Creen que las ultraderechas que han promovido todo este cortometraje no van a poder atacar a civiles españoles de distinta ideología?
Solo vengo a reflexionar, como española, como hija de inmigrantes, como joven, como familia, y como humana.
Sabemos que el mundo actualmente no está yendo tan bien como quisiéramos, en cierto modo estamos en un declive de los derechos humanos y de la humanidad concretamente.
Esto por desgracia no ha sorprendido porque ya se estaba caldeando desde lo alto, los que tienen corbata y micrófono, un privilegio que debería ser ilegal.





