«En Torre del Mar te tratan como a una persona más de la familia»

Karima dice que le basta con dar un paseo por el Paseo Marítimo para sentirse libre. Y lo tiene cerquita, porque vive en Torre del Mar. Allí llegó con su familia hace siete años procedentes de Rabat, la capital de Marruecos. Acaba de terminar sus estudios del segundo curso de Bachillerato en la rama de Ciencias en el IES Miraya del Mar y ahora afronta una difícil etapa para todos: estudiar para la selectividad y decidir qué estudios universitarios realizar.

¿Sabe ya qué quiere estudiar?

Yo tenía pensado estudiar Medicina, pero no me he decidido aún porque siempre tengo algún problemilla cuando voy a los hospitales: me dan algo de miedo… Pero estoy entre Medicina y alguna carrera relacionada con la Economía, también dependiendo de la nota que consiga. Yo nunca he estudiado Economía, pero siempre me ha interesado y por ahí quiero ir.

¿Cómo lleva los exámenes?

Acabo de terminar el Bachillerato y estoy muy contenta con las notas, y también con los profesores y compañeros que me han ayudado estos años. Esta etapa es más complicada y ahora tengo que acostumbrarme a estudiar más, aunque ahora el castellano no es un problema para mí: lo he asimilado y lo puedo estudiar perfectamente. Y si tengo problemas, tengo profesores y compañeros para ayudarme siempre. Estoy muy contenta porque yo pensaba que me iba a costar muchísimo llegar hasta aquí y me siento muy bien porque lo he conseguido; y he de agradecer mucho a mis padres, los profesores y los amigos el apoyo que me han dado siempre. Y sin todo eso no podría haber llegado hasta ahora.

¿Cuándo llegó a España?

Recuerdo que llegué a Torre del Mar, con 11 años, en pleno verano. Mis padres no sabían inicialmente si nos quedaríamos sólo de vacaciones o nos quedaríamos a vivir. Querían traernos aquí para estudiar y poder ir a la universidad. En verano había mucha gente en la calle, mucha fiesta… Fue un gran cambio respecto a mi ciudad, que era mucho más tranquila y donde apenas se salía por la noche. Me gustó mucho el ambiente, la alegría de la gente…

¿Qué tal fueron esos primeros días?

El único problema que teníamos es que ninguno sabíamos hablar español, sólo mi madre algo básico. Y los primeros días aquí fueron muy bien, hasta que el idioma fue un problema a la hora de inscribirnos en el colegio, porque no sabíamos a qué colegio ir, cómo hacerlo, la gente nos hablaba en español y no sabíamos qué querían decir… Pero al final sí nos apuntamos en el CEIP Vicente Aleixandre y mi hermana, que era mayor, en el IES María Zambrano.

¿Cómo le fue?

Al principio recuerdo que en clase se conocían todos y yo era la única nueva. Me querían hablar pero yo no les entendía nada: Sólo decía mi nombre y poco más podía decir… Pero mi profesor, que se llamaba Francisco, me ayudó muchísimo y siempre me explicaba muy bien las cosas una y otra vez para que me enterase. Al principio nos empezamos a sentir como que no estábamos en nuestro país, claro, porque ni yo, ni mi hermano, ni mi hermana nos podíamos entender con la gente, nos sentíamos un poco solos. Éramos nosotros con nuestros padres, no conocíamos a nadie, vivíamos algo lejos en un edificio con vecinos que eran todos turistas alemanes e ingleses y no teníamos amigos. Fue complicado al principio, nos acordábamos de nuestra familia, de mi abuela, los amigos de Marruecos… Fue difícil adaptarme.

Pero lo consiguió…

En el colegio a la gente que no entendía bien el español nos llevaban a una clase, las aulas ATAL, para aprender el idioma. Éramos un grupo de seis personas más o menos de países como Ucrania, China… Y nuestra única lengua común era el español. Teníamos una profesora que se llamaba Tatiana. Ella nos ayudaba y nos enseñaba lo básico, los tiempos verbales, a comunicarnos con la gente, a ayudarnos con los exámenes, los ejercicios… Y también usábamos un sitio en internet donde podíamos hablar con otras personas extranjeras y practicar el español. En esas aulas es dónde aprendí y avancé poco a poco a entender todo más. También mis compañeros de clase y profesores me ayudaron muchísimo y en ningún momento me dejaban sola, siempre intentaba que estuviera con ellos, jugáramos juntos en el recreo… Sin esa ayuda yo no hubiese podido avanzar para entenderme con la gente.

Son aulas con gran diversidad cultural, ¿por qué cree que es buena una sociedad diversa?

Yo creo que principalmente todos podemos saber más cosas sobre esas personas, sus diferentes países sobre los que no sabes nada, su cultura, religión, idioma… Y por ejemplo en las aulas ATAL conocíamos la experiencia de cada uno: cómo es su país, cómo es su experiencia migratoria… Y aprendes muchas cosas y enriquece mucho.

¿Cómo le ha acogido Torre del Mar?

Aquí la gente es muy abierta, muy amable y te sientes como en casa. En Torre del Mar te tratan como a una persona más de la familia, con mucho cariño. Y lo sientes todo como en tu país. Torre del Mar es una ciudad tranquila pero en verano hay mucha gente, están las playas…

Playas como las de Rabat…

Rabat es una ciudad muy bonita y la capital de Marruecos. Y tiene unas playas preciosas… Yo llevo algunos años sin ir y se han inaugurado muchas cosas nuevas, ya que cuando voy no me da tiempo ver todo. La comida está muy bien y los platos están buenísimos; también hay muchas partes de la ciudad vieja… Es muy bonita y muy recomendable para visitar.

 

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