Empleo para la inclusión social

 

El espacio Málaga Solidaria del periódico la Opinión de Málaga, que compartimos con otras entidades sociales como Arrabal-AID, Cruz Roja y Prodiversa, recogió las reflexiones de nuestra compañera Irene Peñalver, coordinadora del Área de Empleo de la asociación, sobre los obstáculos que encuentran las personas migrantes a la hora de acceder al mercado laboral. Lo puedes leer en su ubicación original aquí.

Por Irene Peñalver

La inclusión social de las personas migrantes depende definitivamente de su acceso a un puesto de trabajo. Sin embargo, son muchas las dificultades a las que se enfrentan a la hora de buscar empleo: La barrera del idioma, la falta de formación u homologación de las titulaciones en los países de origen –que les aboca a puestos por debajo de su cualificación– y los exigentes requisitos legales suponen importantes trabas. También es una piedra en el camino la discriminación laboral por parte de empresas que prefieren no contratar a personas migrantes.

Así lo vemos en nuestro trabajo diario de apoyo a las personas que se acercan al Área de Empleo de Málaga Acoge: de las 296 atendidas en el primer semestre de 2018 en el marco del programa Globalemplea, 80 han accedido a un trabajo, 51 de ellas mujeres. Del total, una de cada cuatro personas participaron en los distintos cursos ocupacionales que organizamos, con prácticas en empresas, algo fundamental para facilitar el acceso al mercado de trabajo.

Observamos que las mujeres migrantes son las que más dificultades tienen a la hora de acceder a un empleo al confluir factores como la falta de documentación, el idioma y un nivel formativo muchas veces más bajo que el de los hombres. En el caso de las madres migrantes, el mayor obstáculo es la disponibilidad horaria limitada al horario escolar de sus hijos e hijas. También es un handicap general la carencia de vehículo, que impide autonomía en el desplazamiento, y acceder, por ejemplo, al gran volumen de ofertas de trabajo que genera en la temporada de verano la zona costera de la provincia de Málaga o a oportunidades en el empleo agrícola.

Otra de las trabas importantes que encuentran las personas migrantes es la falta de permisos de trabajo. Muchas de las que atendemos tienen permiso de residencia y no de trabajo o bien están en situación irregular. En este sentido, debieran disminuirse las exigencias para la renovación de los permisos de trabajo temporales. Y es que no es concebible que a una persona se le conceda permiso para residir en España y sin embargo no se le autorice a trabajar.

En cuanto a las personas en situación irregular que buscan regularizar su situación deben, según establece la Ley de Extranjería, haber vivido en España tres años de forma continuada y presentar un contrato de trabajo de un año de duración a jornada completa. Esto último algo muy difícil de lograr, incluso para los autóctonos. También se exigen una serie de requisitos a las empresas que ofrecen empleo, como es la solvencia económica, y no todas la cumplen. Todos estos factores hacen la cuesta muy empinada para las personas migrantes que quieren obtener un permiso de trabajo o renovarlo y genera mucha angustia. Algunas tienen, encima, la presión de tener que enviar dinero a sus familias en sus países de origen. Además, el desempleo y la economía informal alientan el círculo de la exclusión y dificulta, entre otras cosas, el acceso a un contrato de alquiler de una vivienda.

Pese a los obstáculos, en el primer semestre del año, el número de personas que se han incorporado a trabajar ha sido ligeramente mayor que en el mismo periodo de 2017. Se puede hablar de una tendencia positiva, aunque es cierto también que el mercado de trabajo en Málaga se caracteriza por la temporalidad y cuesta mantener las contrataciones después de verano. Mientras las mujeres suelen ser contratadas en empleos más parciales, y de menor remuneración económica, los hombres consiguen jornadas más amplias. Además, existe una polarización de las mujeres en el empleo doméstico -las internas son prácticamente todas migrantes-, un sector con alta vulnerabilidad laboral.

En los distintos programa de Empleo que desarrollamos en las cuatro sedes de Málaga Acoge hemos contactado con más de 150 empresas entre enero y junio. Con algunas de ellas mantenemos colaboración desde hace años. Además, venimos participando en proyectos como SponsorTeam con actividades junto a empresarios patrocinadores del Club Baloncesto Unicaja, lo que nos permite entrar en contacto de forma directa con empresas.

Pero es cierto que la discriminación laboral también está presente: hay compañías que dicen directamente que ayudan «antes a los de aquí que a los de fuera». También hay otras que, de una forma menos directa, descartan de forma continuada perfiles de personas por el hecho de ser subsaharianas o marroquíes. Estamos expuestos cada día a noticias alarmistas sobre «avalanchas» de personas migrantes y los empresas, formadas por personas, tienen una visión negativa o positiva hacia la inmigración y actúan en función de ella.

En empresas colaboradoras trabajan este verano personas como Leidy Johana, Ilias Fattoumy, Dyana Stefani, Djiby Fallou y Karima. Son sólo algunos de los nombres detrás de las cifras de contrataciones logradas. Se incorporaron tras realizar las prácticas de las formaciones en unas empresas que les están brindando la mejor de las oportunidades para su integración social.

 

En la fotografía, Sheila, haciendo prácticas en julio en Fruyver en Antequera como parte de uno de nuestros cursos del Punto Formativo Incorpora.

 

 

 

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