«Creo que cada vez van a importar menos las fronteras o el pasaporte, aunque sea algo difícil y utópico»

Ramiro Ariza llegó a Málaga en el año 2004 desde Bogotá, aunque antes había pasado un año trabajando en Jaén. Desde entonces, trabaja en el sector audiovisual, principalmente editando documentales, algunos de los cuales los podéis ver pinchando aquí. Ahora, conocemos mejor a este colombiano encantado con la acogida que siempre le ha dado Málaga y los malagueños en una entrevista incluida dentro de la campaña ‘Todas las piezas son importantes’.

¿Cómo y cuándo llegó a Málaga?

Llegué a Málaga en el año 2004. Inicialmente vine a Jaén desde Colombia con un permiso de trabajo, o sea que tuve bastante suerte porque ya tenía contrato y ya llegaba a un sitio fijo. Y hay gente que no lo puede hacer así, por lo que tuve mucha suerte. Estuve un año allí trabajando en Jaén, montando muebles… Y ahora monto documentales en Málaga. Aquí llegué, estudié un par de años y luego ya me dediqué al audiovisual de forma más seria. Y bueno, me ha ido bien hasta ahora afortunadamente.

¿A qué se dedica ahora?

Yo soy director de fotografía y también hago foto fija y soy editor también de una productora que tenemos junto a una chica española en Colombia. Me dedico a eso y también me busco la vida pues haciendo fotos de bodas o de lo que vaya surgiendo.

¿Cómo fue el cambio de Colombia a España?

La verdad es que fue espectacular. Venir desde un país tercermundista y recalar en Jaén era decir… ¿Esto es Europa? Pero cuando llegué a Málaga cambió el concepto: Era una ciudad más abierta, más cosmopolita e incluso tenía un mismo punto lúgubre que el que tenía mi ciudad, Bogotá. Me gustó mucho y decidí venir aquí casi que por accidente, pero ya llevo unos seis o siete años en Málaga.

¿Qué le sorprendió más de Málaga al llegar?

Lo que más me gustó fue primero que tiene mar y, bueno, también montaña. A mí me gusta mucho la montaña y tenía esas dos cosas que no son fáciles de reunir en una ciudad. Pero también la calidez de la gente, que es bastante especial, por aquello de ser de la costa, son muy abiertos a los demás y nunca tuve ningún problema. Salvo cuando llegas al aeropuerto, te requisan las maletas, saben de dónde vienes… Pero son temas burocráticos, no de la gente.

Entonces, ¿le trata bien Málaga?

Sí, claro. Creo que he tenido bastante suerte porque nunca he tenido ningún contratiempo tipo que me digan puto sudaca o cosas así. Me he movido entre gente que no repara en eso. También quizás porque creo que no estoy predispuesto a eso. Yo tengo la cara que tengo, todo el mundo sabe de donde soy… Pero la gente ha sido muy acogedora en Málaga y muy simpática.

¿Qué cree que aporta la diversidad a la sociedad malagueña?

Maneras de entender la vida sí que son bastante diferentes, yo creo que eso es lo que hace que se enriquezca un poco la cultura. Mezclarse está muy bien porque nosotros tenemos unas cosas, un africano o un chino tiene otras. Y entonces si se mezclan y se compaginan bien, es algo impresionante y se pueden llegar a ver cambios importantes. La sociedad avanza con ello, y creo que cada vez van a importar menos las fronteras o tu pasaporte, aunque sea algo  difícil y utópico. Pero es que te das cuenta que son cosas que no sirven para nada: Incordian más que ayudan.

¿Le parece acertado el eslogan de esta campaña, ‘Todas las piezas son importantes’

Creo que es muy bueno, porque es como muy visual también. Todas las piezas van encajando, cada una digamos que tiene su misión para poder encajar en el puzzle y que todo sea bueno. Creo que cada uno tiene que aportar cosas porque si no, no sé… Creo que pasar por la vida sin dejar algo, sin contar algo, hacer algo… que te diga cosas, mueva sentimientos… Está bien. Y si cada uno ponemos un poquito de eso la cosa va a ir mejor.

¿Echa de menos Colombia?

Sí, claro. Se echa de menos mucho a la familia, que es lo más importante. Tú la dejas atrás porque allí no hay futuro, no hay muchos medios… Y sacrificas la familia, que es lo más importante por darles cosas a ellos… Y a veces no sé si merece la pena. Yo voy y vengo mucho a Colombia, trabajo allí y edito los documentales aquí… No alcanzo a echar mucho de menos a nadie, pero la familia es lo que más se echa de menos, seguro.

 

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