Clases de español en tiempos del Covid

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-¿Otra palabra que empiece por «ma»? – pregunta Pilar, profesora voluntaria de nuestras clases de español en Málaga.

-Mantequilla- responde una de las alumnas.

¿Y qué cosas se pueden hacer con la mantequilla? Vamos a hablar despacito y claro, sugiere Pilar.

-Bizcocho, magdalenas…, dice Fátima.

Iranzu, otra de nuestras profesoras de español está al lado con otro grupo de alumnos. -Ahora nos vamos a presentar, comienza -Yo soy Iranzu. Soy de Bilbao y llevo dos años viviendo en Málaga. Me llamo Ismail y soy de Marruecos, me llamo Alilatu y soy de Ghana, me llamo Kauthar, me llamo Courage…

Iranzu resume cómo ha sido este comienzo de las clases de español en Málaga…

El grupo de voluntarios que damos clase de español nos reunimos el pasado mes de septiembre para decidir cómo organizábamos este año el curso. La mayoría de los profesores pertenecen a grupo de riesgo, así que debíamos ser extremadamente cuidadosos.

Además, para cumplir con las medidas de seguridad oportunas, nuestra sede de Bustamante se nos quedaba pequeña. La primera tarea a la que nos enfrentamos fue la de buscar un lugar más amplio. Tras numerosas gestiones se consiguió que la parroquia de La Amargura nos cediese un local que reunía todas las características: amplio, con ventanas, entrada independiente, mesas individuales para los alumnos.
Llevamos pizarras, material pedagógico y nos instalamos. Superado el primer obstáculo, y con un gran subidón, nos pusimos con el proceso de selección de alumnos, insistiéndoles mucho en las especiales condiciones de este año. La demanda seguía ahí. El teléfono no dejaba de sonar preguntando por las clases de español.

Tuvimos que reducir los grupos a cinco alumnos, para cumplir con la normativa, y conseguimos montar seis clases distribuidas en dos niveles y en horarios de mañana y tarde. Los grupos de tarde siguen utilizando nuestra sede social.

Por fin, el 16 de noviembre empezamos las clases. No sé quién estaba más
emocionado el primer día: si los alumnos o nosotras
, porque este año las profesores somos todas mujeres. Gel hidroalcohólico según entran por la puerta, distancia reglamentaria entre cada alumno, ventanas abiertas, mascarillas y cada alumno limpia su pupitre antes de abandonar el aula. Todos seguimos el protocolo a rajatabla.

En general, la mayoría de los alumnos son también mujeres. Tienen tantas ganas por aprender que el esfuerzo logístico vale la pena. El principal problema con el que nos encontramos que en un mismo grupo solemos tener gente con niveles muy distintos. Incluso personas no alfabetizadas que, como bien dice nuestra compañera Consuelo, “me hacen sudar tinta”, porque somos conscientes de lo difícil que les resulta.

Pero cuando en una de las llamadas telefónicas en el proceso de selección, a Carmen, la coordinadora, le comentan “yo muy encantada…que me gusta mucho escuela Málaga Acoge…mi vida mejor…” y nos lo pone en el grupo de Whatsapp… nos chuta tal inyección de energía que se nos olvidan todos los geles, mascarillas y demás.

Fuerza y paciencia es todo lo que necesitamos para seguir con nuestras clases. Lo mismo que nos ayudará a superar la pandemia. Ojalá el próximo curso podamos volver todos los profesores, porque echamos de menos al resto del equipo, a dar las clases en Bustamante.

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