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Mathías acude a un taller sobre Servicios Sociales en nuestra sede de Antequera. Tiene el pelo oscuro y corto, barba y bigote, y una camiseta de color crema con franjas blancas y una azul a la altura del pecho. Es uruguayo y lleva diez años y medio en España. Después de mucho tiempo en situación irregular, ha recibido la resolución favorable de su proceso de regularización. Cuando cuenta qué ha supuesto para él, lo resume con pocas palabras: «La regularización ha sido sobre todo un alivio».
Ahora quiere encontrar trabajo y compaginarlo con sus estudios en la Escuela de Música de Antequera (EMA). Toca la guitarra, ha pasado por una banda de versiones y está a punto de empezar con otro grupo. Sus planes tienen que ver con eso: trabajar, seguir aprendiendo y hacer música, pero con una tranquilidad que durante mucho tiempo no ha tenido.
Sus padres llegaron a Málaga hace unos veinte años. Dedicados a la pastelería, aquí montaron un negocio familiar. Mathias se quedó en Uruguay, donde tenía pareja. Una década después decidió venir.
«Vine más que nada porque se vive mejor aquí», explica. En España estaba buena parte de su familia, pero reunir los requisitos para regularizar su situación resultó mucho más difícil de lo que esperaba. «No conseguí contrato de trabajo y era la única manera de hacer los papeles, y no lo conseguí».
A esa dificultad se sumaron los años con el pasaporte vencido. Mathias recuerda una sucesión de obstáculos: cuando surgía una posibilidad de contrato, no tenía la documentación que necesitaba; cuando conseguía avanzar con los documentos, aquella oportunidad ya había pasado. «No podía renovar, no podía trabajar», cuenta. Mientras tanto, ayudó a su padre en la pastelería y trabajó en una empresa de camisetas, además de en otros sitios. Su vida seguía aquí, aunque no lograba resolver su situación administrativa.
Conoció nuestra asociación a través de su madre. Al hablar de su relación con la entidad menciona a nuestra compañera Rosa, y recuerda lo complicado que le resultaba conseguir el contrato que necesitaba para tramitar los papeles. En todos esos años, la música también ha formado parte de su vida. Estuvo cuatro años tocando en una banda de versiones y, aunque el rock tiene su sitio en su repertorio, no se queda con un solo estilo. «También el blues, de todo. Me gusta todo tipo de música».
Ahora continúa su formación en la Escuela de Música de Antequera (EMA) y tiene un nuevo proyecto entre manos: «Me llamaron de una banda y estoy por empezar con ellos, que está bastante bien». Quiere mantener ese espacio para la guitarra cuando encuentre empleo. «La idea es, de momento, hacer las dos cosas: trabajar y tocar los fines de semana».
La resolución favorable le permite mirar esos planes de otra manera. «La regularización sí es verdad que me abre bastantes puertas», señala. El pasado 20 de junio recogió su pasaporte y, el sábado anterior a esta entrevista, acudió a Fuengirola para la toma de huellas. Son pasos concretos después de una espera muy larga.
Lo primero que quiere hacer ahora es trabajar, «en lo que vaya saliendo, mientras estudio música». También le gustaría aprovechar cursos y seguir formándose: «Si hay cursos para hacer, intentar capacitarse también».
Actualmente vive con su abuelo y su hermano, aunque entre sus planes está buscar otra vivienda. Tiene tres hermanos aquí, todos trabajando, y prácticamente toda su familia está en España. En Uruguay quedan algunos tíos. Cuando piensa en viajar, menciona que le gustaría conocer Italia y Francia, más que regresar a su país.
Por delante hay proyectos, pero también algo más sencillo: poder vivir con menos preocupación. Después de tantos años pendiente de los papeles, Mathías quiere trabajar, y seguir estudiando y tocando la guitarra. «Si termino el año con trabajo, sería redondo».
El apoyo a Mathías se enmarca en nuestro proyecto Tésera «Atención integral a personas migrantes y refugiadas desde el ámbito social y jurídico», que llevamos a cabo con el apoyo de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad con cargo a la asignación tributaria del 0,7 del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.





