![]()
Leitava llega a la entrevista sobre las dos, después de haber estado en otra para cuidar a una señora mayor dependiente en Fuengirola. Esta semana empezará a ir varias horas al día para acompañarla y ayudarla con la limpieza de la casa. Espera quedarse: los horarios le permitirán comer con su hija de 8 años cuando salga del colegio. Es colombiana y lleva ocho meses en España. Vinieron juntas buscando algo que en su pueblo no podían encontrar: seguridad y oportunidades.
“El pueblo en el que vivía siempre hubo mucha violencia, era una zona peligrosa. Hay mucha escasez de oportunidades para salir adelante”, explica. “¿Por qué no darle la oportunidad a mi hija de crecer en un entorno seguro, que avance, que tenga más opciones que las que yo tuve?”. Sus padres le dieron, dice, una buena crianza, pero siempre quisieron algo más para ella: “Que saliera, que buscara mis sueños. Y salí a buscar esa oportunidad tanto para mí como para mi hija. Que no sea sólo ese entorno de violencia y de conflicto, escondiéndonos, huyendo de todo”.
Hoy su hija va al colegio y está contenta. “Ella es muy extrovertida, se adapta muy fácilmente a cualquier lado. Eso me tranquiliza”, cuenta Leitava. Aunque echa de menos a su familia en Colombia, siente que la decisión de venir ha abierto una puerta.
“Venir a España ha sido nuevo y bueno para mí. Es un lugar lleno de muchas oportunidades de las que carece mi país”, afirma.
Recuerda su llegada, cuando pasó una primera etapa en un hostal gestionado por CEAR . “Nunca había tenido la oportunidad de vivir con tanta gente. Fue una experiencia bonita: conocí muchos idiomas, nacionalidades y culturas. Me gusta compartir, preguntar y, si puedo ayudar, también ayudar”. Ahora comparte uno de los cuatro pisos de acogida que mantenemos en Fuengirola con una chica ucraniana y sus dos niñas pequeñas. “La convivencia en la casa es bonita. Ver a las niñas jugando y riendo”, reconoce.
En Colombia, Leitava cuenta que hizo «de todo»: estudió Auxiliar de Veterinaria y Administrativa, trabajó en un supermercado y realizó cursos de almacén, reponedora, costura y pastelería… Desde que llegó a Málaga ha continuado formándose: terminó la ESO, hizo un curso de Ayuda a Domicilio y ahora uno online de Actividades y Ventas. “Me gusta aprender. Uno en la vida tiene que saber de todo”, asegura. También está avanzando en el inglés por su cuenta.
Su objetivo es claro: “Tener una estabilidad para mí y para mi niña, salir adelante y traer a mi madre de Colombia para que pueda tener su vejez tranquila, sin miedo”.
Lleva tres meses en el piso y se siente cómoda, aunque no esconde la incertidumbre por el futuro: “Cuando me vaya, encontrar una vivienda está complicado y el precio de los alquileres están por las nubes”. Por eso, sus metas inmediatas son encontrar un buen trabajo y, más adelante, una vivienda propia. “Por querer quiero un mundo de cosas: viajar por Europa, traer a mi mamá…”.
Hubo un momento, en el hostal, en el que dudó. Se preguntaba si podría seguir adelante o si sería mejor regresar. Pero encontró fuerza: “Respiré profundo, agarré fuerza y me dije que sí se podía. Las dos podíamos salir adelante, y así fue. Cuando llegué, del impacto me salió un llanto del corazón como si fuera lluvia. Fue un momento en el que me encontré a mí misma y me hice fuerte. Me di cuenta de qué estoy hecha, de todas las capacidades que una tiene”.
Su mensaje para quienes lean su historia es directo: “No importa el lugar en el que esté, tengo esas ganas de salir adelante; no me quiebra cualquier cosa. Para quien lea esto, que sepa que sí que se puede avanzar cuando una decide tomar las riendas de su vida”.
El nombre de Leitava es ficticio y se utiliza para proteger su identidad.
El acompañamiento a Leitava se enmarca en nuestro programa Acción Concertada de Acogida e Inclusión social de personas solicitantes de protección internacional que cuenta con el apoyo del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. A día de hoy, este programa se lleva a cabo en Fuengirola y la Axarquía y cuenta con 39 plazas distribuidas en ocho pisos de acogida: 18 plazas en Fuengirola, repartidas en cuatro viviendas, y 21 plazas en la Axarquía, también en cuatro pisos.
En la Axarquía, el piso de Torre del Mar, destinado a mujeres en situación de especial vulnerabilidad, como víctimas de violencia machista o trata, tiene seis plazas, con cinco ocupadas —una de ellas una bebé—. Las residentes son de Guinea, Marruecos y Venezuela. El piso de Vélez-Málaga cuenta con seis plazas, cinco ocupadas por personas de Mali y Ucrania. En Caleta de Vélez, un piso de 14 plazas acoge a dos familias ucranianas: un matrimonio con dos hijos menores y una madre con su hijo, que llegaron en noviembre de 2025. La incorporación más reciente es la de una joven derivada desde Canarias la semana pasada. En Fuengirola, las 21 plazas se reparten en cuatro pisos. Uno acoge a dos madres con menores; otro, a tres familias de Guinea y Ucrania, entre ellas una mujer de 70 años que vive sola. Los dos pisos restantes están ocupados por familias ucranianas.
Además, 13 familias —28 personas— viven en otros pisos en fase de autonomía. Casi todas tienen protección temporal, como las personas de nacionalidad ucraniana, y una cuenta con el estatuto de refugiada concedido. Cinco familias están trabajando, muchas de ellas en el sector de la construcción, y una mujer está desarrollando su actividad como autónoma en peluquería. Las familias que lo necesitan participan en clases de español y todas en itinerarios de formación, acompañadas por el equipo de Málaga Acoge en su camino hacia una vida independiente.





