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«Ante el Universo todos somos iguales y nadie es ilegal». Desde esta convicción, Lorena Sánchez de la Vega comparte una historia que entrelaza derechos, salud y migración. Tras más de 20 años en el Servicio Exterior ecuatoriano, hoy vive en España una realidad que antes acompañaba desde lo profesional, transformando su experiencia en acción como voluntaria en Málaga Acoge.
Lorena Sánchez de la Vega, abogada ecuatoriana, dedicó 24 años de su vida profesional al Servicio Exterior de su país, donde trabajó, entre otros ámbitos del Derecho Internacional, en la atención a población migrante y en temas de movilidad humana. Sin embargo, por motivos de salud, decidió dar un giro radical a su vida y permanecer en España, enfrentándose así a la misma situación de vulnerabilidad que durante años había acompañado desde su ejercicio profesional.
Tras su desvinculación definitiva de la Cancillería ecuatoriana a finales de 2025, quedó en situación administrativa irregular en España el último día de ese mismo año. Lejos de rendirse, y movida por una firme convicción, transformó su experiencia personal en un compromiso colectivo.
Hoy es voluntaria de nuestra asociación, a la que se sumó para colaborar activamente en el proceso de regularización extraordinaria junto a su marido Humberto, mientras celebra haber recibido la admisión a trámite de su propia residencia.
Lorena relata que su vinculación con España comenzó hace décadas, con una beca de estudios de un Master en Derechos Humanos en 1999, pero su destino definitivo dio un vuelco en septiembre de 2023. En esa fecha fue diagnosticada con Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que exige medicación continua y terapia física permanente. Ante la grave crisis sanitaria que atraviesa Ecuador, marcada por una profunda escasez de insumos y medicamentos esenciales, Lorena explica que junto a su familia, tomó la firme decisión de quedarse en España para salvaguardar su vida y su salud, empezando de cero en este nuevo destino. Para ella, el acceso a una atención sanitaria integral en una sociedad que considera hermana ha sido un factor determinante en este camino, condición por ahora lejana y deficitaria en su país de origen.
El inicio de 2026 fue un periodo de gran incertidumbre. A pesar de necesitar una valoración médica del servicio público de salud, para solicitar una residencia por enfermedad sobrevenida, las citas con el especialista no llegaron hasta hoy, la esperanza seguía en pie…. Fue a finales de enero cuando el Gobierno español anunció el proceso de regularización extraordinaria, abriendo una ventana de oportunidad. A través del equipo jurídico de Málaga Acoge, su solicitud y la de su marido y dos hijas, fue presentada formalmente el 27 de abril. Las respuestas de admisión a trámite no fueron en colectivo, al inicio su hija mayor, luego su marido, casi dos meses después ella y finalmente su hija menor. El pasado 12 de junio recibió la admisión a trámite y la concesión de su residencia provisional, una autorización que permite residir y trabajar de manera legal, y fundamentalmente le otorgó un número en la seguridad social y el acceso al sistema nacional de salud, con todo derecho, lo cual le ha permitido tener segura su medicación continua, lo que le era complejo en su país.
Lorena describe este primer hito como un mensaje de esperanza y una señal de que la vida aún cuenta con ellos, ella recibirá atención médica especializada y su marido incluso ya cuenta con un trabajo formal que da estabilidad al hogar y fortalece su residencia en España.
Su propia experiencia no la ha distanciado de la realidad de otros migrantes; al contrario, la ha impulsado a actuar. Inspirada por su marido Humberto, de quien tomó el testigo, Lorena se unió como voluntaria a Málaga Acoge para arrimar el hombro durante las intensas jornadas de la regularización extraordinaria. Desde esta posición de servicio, confiesa haber podido «palpar de cerca los sueños y las luchas de tantas personas que pugnan por un futuro mejor».
Recuerda con especial emoción las miradas agradecidas y momentos tan conmovedores como el abrazo de una joven paraguaya tras recibir su certificado de vulnerabilidad a finales de abril. «Aquella chiquilla paraguaya de 23 años que me preguntó: ¿Te puedo dar un abrazo?».
Estudiante de tercer año de Terapia Gestalt, disciplina psicoterapéutica orientada a favorecer el equilibrio emocional y el bienestar personal. Es profesora de Biodanza y facilitadora voluntaria en el área de Salud Mental en Guadalmedina y Torremolinos.
Cuenta con formación en Psicología Holística, que integra con una sólida sensibilidad hacia el derecho y la defensa de los derechos humanos, especialmente de las personas en situación de vulnerabilidad. Guiada por una profunda vocación de servicio y una fe firme, aspira a contribuir activamente al bienestar de quienes más lo necesitan en esta nueva etapa de su vida.
«No sé qué nos deparará el mañana, pero sé que tenemos una oportunidad de tener condiciones dignas en una sociedad de algún modo hermana», aseguró.
Lorena concluye su testimonio con un profundo sentimiento de gratitud hacia la vida y hacia la asociación. Para ella, todo este desafiante proceso ha constituido, por encima de todo, «una firme opción por la dignidad», recordando con convicción que «ante el Universo todos somos iguales y que nadie es ilegal».





