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Benjamín, Blanca, Fátima, Francis, Celica, Franklin, Yenni. Personas que han llegado desde Filipinas, Marruecos, Argentina, Venezuela, Colombia o Paraguay y viven entre nosotras. Vecinos y vecinas. Omar, Valeria, Jorge… nombres propios, historias únicas que no caben en ninguna cifra.
Se sientan frente a nosotras con carpetas llenas de documentos, pero también de incertidumbre. Algunas personas tienen los ojos rojos de no haber dormido. Ojeras profundas, cansancio acumulado, nervios. Afuera han esperado horas, incluso días. Dentro, intentan sostener la esperanza.
Muchas viven en habitaciones sin contrato de alquiler, duermen en literas, encadenan trabajos precarios o no pueden trabajar por no tener papeles. Hay madres que llevan años sin abrazar a sus hijos pequeños que se quedaron en sus países al cuidado de sus abuelas o familiares. Hay una ingeniera química que no puede homologar su título. Personas formadas, con experiencia en Administración, Enfermería o Comunicación, que sólo quieren una oportunidad. Una oportunidad para vivir con dignidad.
Toca nuestra puerta un chico marroquí de 21 años que arriesgó la vida en el mar para llegar a la otra orilla. También hombres y mujeres que confiesan que alguna vez pensaron que la desesperación les podía, pero siguieron adelante.
Este proceso de regularización extraordinaria no es un trámite más. Es la posibilidad de empezar de nuevo. De trabajar sin miedo. De alquilar una vivienda. De acudir al hospital cuando lo necesitan. De cotizar. De viajar y reencontrarse con sus hijos. De vivir con tranquilidad.
En Málaga Acoge estamos volcadas para que este proceso sea accesible al mayor número de personas posible. Y no lo hacemos solas.
Un esfuerzo colectivo
Contamos con el compromiso y la dedicación de un grupo increíble de voluntarios y voluntarias: Karima, Rosalía, Paco, Enrique, David, Pepe, Humberto, Roberto, Antonio, Lourdes, Elena, David, Evelia, Tomás… entre muchas otras personas que, cada día, están mano a mano acompañando y sosteniendo este proceso y a las que decimos gracias, gracias y gracias.
Nuestro equipo jurídico, además, está ofreciendo sesiones informativas en todas las sedes de la entidad para orientar, resolver dudas y dar seguridad en cada paso.
Fuera, la realidad es clara. Personas que la semana pasada llegaban a esperar hasta dos días y sus noches en la puerta, con sillas plegables y carpetas en mano. Esperan porque saben que esta oportunidad puede cambiarlo todo.
Y no están solas.
Durante los próximos meses seguiremos acompañando cada paso. Porque detrás de cada documento hay una vida. Porque no hablamos de papeles: hablamos de derechos.




























