“No me quiero ni acordar de la etapa de irregular”

Los recuerdos favoritos de Irina Shvydkaya se remontan a su infancia en Chernovtsy, en Ucrania, a la escuela donde su abuelo, militar para más señas, era profesor, y ella, una auténtica princesa. Con 29 años decidió abandonar su país natal por razones personales. Allí se ganaba bastante bien la vida como peluquera, pero en un momento dado de su existencia se dio cuenta de que necesitaba un cambio profundo y no se acobardó ante la posibilidad de irse a vivir a miles de kilómetros. De Ucrania echa de menos la naturaleza. No es que la de España le parezca fea, ni muchos menos: ella insiste en que es espectacularmente hermosa, pero muy diferente al paisaje de su juventud. Sobre todo echa de menos a su hijo y a su nieto. Cuando se le comenta que cuesta creer que sea abuela, con lo joven y guapa que es, se echa a reír. Hace cuatro meses abrió su propia peluquería en calle Maestro Guerrero en Huelin: ‘Martin’s & Shvydkaya’. Continuamos con ella la campaña Todas las piezas son importantes.

¿Cuánto tiempo hace que llegó a Málaga?

Muy poco, cuatro meses sólo, pero en España hace ya 12 años que estoy.

Cuando decidió marcharse de Ucrania, ¿por qué elegió España?

Por las fotos. Naturalmente había estudiado en la escuela y el instituto geografía y conocía monumentos y lugares de los países mediterráneos, pero en el momento de irme me puse a mirar paisajes, fotos, imágenes de Italia y España, y al principio no sabía por cuál decidirme, pero luego decidí que las imágenes de España me gustaban más y me vine aquí.

Pero no a Málaga…

No, en Málaga ya digo que sólo llevo unos meses. He vivido 12 años en Marbella que es a donde vine directamente desde Ucrania.

¿Fueron duros los primeros tiempos?

Siempre son duros, pero tuve bastante suerte, con algún pequeño tropiezo, y encontré trabajo al cabo de pocos días como interna, que era lo que yo quería en ese momento.

¿Hablaba español?

No, nada. En seguida me puse a estudiar el idioma y cuando tuve ya cierto dominio, me puse a estudiar mientras trabajaba y procuré obtener un título de peluquera. Yo ya lo tenía en Ucrania, pero quería un título español que me permitiera recuperar mi antigua profesión aquí.

¿Su título no le servía aquí?

No era sólo por el título en sí. También había diferencias de estilo, en la manera de trabajar, las modas, y todos esas cosas que necesitaba que yo me pusiera al día si quería trabajar aquí.

¿Cómo recuerda esa primera etapa en Marbella?

Todo me parecía un paraíso, después comprendí que no lo era. En todas partes hay malo y bueno, pero al principio no veía lo malo. Después cuando fui aprendiendo el idioma, todo se hizo más real. Y comprendí también las palabrotas, que se dicen muchas.

¿Tenía visado de trabajo?

No. Entré con visado de turista y no me quiero ni acordar de la etapa de irregular: mejor olvidarlo, se pasa mal.

¿Toda su familia está en Ucrania?

Casi toda. Mis cuatro hermanos están allí. Sobre todo está en Ucrania mi hijo, que es mayor, y me ha hecho abuela.

¿Le gustaría volver?

Ahora no. Ya tengo mi vida aquí. Supongo que regresaré a morir, pero no lo sé. Por ahora no me planteo la posibilidad de volver.

¿Qué es lo que más le gusta de aquí?

El clima, que es maravilloso. Ustedes no se dan cuenta. Y la gente, que es muy cálida y te animan cuando te ven agobiado. He viajado por otras partes del país y me he dado cuenta de que no todo el clima es igual ni tampoco la manera de ser de la gente. Y el calor, me encanta el calor. El verano es estupendo. Y la comida: también me gusta muchísimo.

¿Se siente extranjera?

Ya no. Al principio sí me sentía diferente, pero ahora creo que estoy plenamente integrada. Si hay xenofobia, yo no la he sentido. A mí los españoles me han tratado bien. Lo digo porque es verdad, si hubiera sido de otra manera, no diría nada o me callaría.

Pero en España hay xenofobia, como en todas partes.

Sí habrá, pero yo no la he padecido. Quizás eso le pasa más a gente de piel oscura. Nosotros tenemos la piel muy clara. Puede que sea eso. No sé.

¿Tiene mucha relación con sus compatriotas? En Málaga hay una colonia ucraniana bastante importante.

Bastante sí, sobre todo en esta zona, en Huelin. Tengo muchos amigos ucranianos, pero españoles también. Unas veces me veo con unos y otras con otros.

¿Hace mucho que no va a Ucrania?

He viajado varias veces, y veo que la vida ha ido mejorando, pero no lo suficiente. Desgraciadamente, no lo suficiente.

¿Cree que la vida en su país era mejor antes de la caída del Régimen Soviético?

Indiscutiblemente. El fin de la Unión Soviética ha perjudicado a la mayoría de la gente normal. Hay cosas buenas, pero a un precio muy alto… antes no era así.

Imagino que habla ruso.

Sí, perfectamente. Mi padre era ruso y mi madre ucraniana, así que yo tengo dos mitades y me llevo bien con las dos.

¿Cómo fue el venirse para la capital hace cuatro meses?

Porque decidí abrir mi propio negocio. Ya estaba cansada de trabajar para uno u otro y pensé que había llegado el momento. En Málaga el alquiler de los locales es más barato que en Marbella y además la ciudad es mucho más grande, lo que siempre es bueno para un negocio que empieza. Tienes muchos más clientes potenciales y hay más variedad de gente, de gustos, y yo creo que eso puede ayudarme.

¿Le va bien por ahora?

Todavía no lo sé. Es demasiado pronto para saber eso. Un negocio de este tipo necesita tiempo, irse haciendo una clientela, ofrecer buenos servicios y buen precio. Los míos no tiene competencia en la zona.

¿Imaginaba cuando tenía 15 años que su vida iba a ser así?

Para nada. Pero no me quejo de nada. A mí no me gusta quejarme. Es perder el tiempo. No siempre puede hacer frío, no siempre puede hacer calor. Hay que afrontar lo que venga y ya está.

Cuanto tiene tiempo libre, ¿qué le gusta hacer?

No tengo tiempo libre. Me pongo a limpiar y a hacer mil cosas que con el trabajo no puedo hacer y quedan pendiente.

Pero en algún momento, tendrá un rato de ocio…

Sí, pocos, pero alguno hay. Me voy a la playa, veo a mis amigos. Y limpio mi casa. Me gusta limpiar. Me relaja.

Irina cree que a pesar de las dificultades que hoy en día supone abrir un negocio, saldrá adelante porque tiene muchos años de experiencia y no le importa trabajar 16 horas al día. Y porque, a pesar de todo, en su opinión, la cosa no está tan mal como la pintan. Nos quedamos con su consejo: no sirve de nada quejarse, hay que ponerse a trabajar.

Entrevista realizada por María Elvira Roca Barea, voluntaria del Departamento de Comunicación y Sensibilización de Málaga Acoge.

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