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Miriam Rosales García, abogada penalista y voluntaria del programa de Prisiones de Málaga Acoge, llegó a la ciudad hace un año. Ese mismo tiempo es el que lleva implicada en la entidad. Su acercamiento no fue casual: “siempre en mi vida he tratado de dedicar tiempo a lo social”, explica, y encontró en el voluntariado una forma de integrarse, conocer gente y formar parte de la comunidad.
Natural de Huelva, aunque venía de Madrid, comenzó a investigar sobre asociaciones en Málaga hasta que dio con el programa de Prisiones. Ese ámbito le despertaba una inquietud especial. Su trayectoria personal y profesional también ha estado marcada por el movimiento: ha vivido en países como Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Estrasburgo o Bruselas, lo que le ha permitido convivir con personas de distintos lugares. “Soy una persona aventurera, me gusta viajar y me siento cómoda conociendo a gente de otros sitios”, cuenta.
Su camino hacia la abogacía no fue lineal. Empezó estudiando Marketing y Publicidad en Madrid y, más tarde, cursó un máster en Relaciones Internacionales en Canadá. Allí conoció a una abogada de derechos humanos que le hizo replantearse su futuro. “Sus clases me cambiaron la manera de ver las cosas y pensé: yo quiero ser abogada, quiero luchar”, recuerda.
Su primer contacto con el voluntariado fue en el Centro de Inserción Social (CIS) de Málaga, participando en talleres y conociendo a las personas que acompañamos en la asociación. Sin embargo, guarda especialmente en la memoria la primera vez que entró en prisión. “Recuerdo el frío que sentí”, dice. A pesar de su formación como penalista, la experiencia le impactó profundamente: “te cambia mucho la percepción cuando entras, por más que creas que ya sabes cómo es: cuando entras en los módulos, ves el ambiente…”.
Desde entonces, su mirada sobre las migraciones ha evolucionado. Ahora es más consciente del impacto que tiene ser una persona extranjera dentro del sistema penitenciario. “Es como un doble castigo”, explica, señalando que a la condena se suman las dificultades administrativas y sociales. Como abogada, reconoce que no era plenamente consciente de todas las implicaciones que puede tener un procedimiento penal para una persona extranjera que intenta regularizar su situación.
También destaca que, en muchos casos, incluso una condena corta puede tener consecuencias prolongadas: “un año de prisión le puede dejar a una persona en un limbo irregular durante mucho tiempo”. A esto se suma la mayor probabilidad de prisión preventiva y, en el caso de las mujeres, una triple vulnerabilidad: “mujer, presa y extranjera”.
A lo largo de este año, Miriam asegura haber aprendido tanto a nivel profesional como humano. Se define como una persona empática, pero reconoce que el voluntariado le ha permitido comprender mejor realidades muy complejas. “Valoras más la suerte que tenemos”, afirma, al pensar en quienes llegan a un país nuevo sin red de apoyo, con barreras idiomáticas y sin conocer los recursos. En ese contexto, insiste en que “el acompañamiento es fundamental” y que, para muchas personas, Málaga Acoge es ese apoyo cercano que necesitan. “El simple hecho de sentirse escuchadas ya es muy importante”.
Durante la entrevista, destaca también el trabajo del equipo, especialmente el de Carmen Cano, responsables del programa de Prisiones, de quien dice que “hace un trabajo increíble”. Subraya la complejidad de intervenir en prisión cuando se cruzan cuestiones de Extranjería y discursos que asocian migración con delincuencia.
En relación con los procesos de regularización actuales, advierte de las dificultades añadidas y de la necesidad de coordinación para poder atender los casos, especialmente los de personas en situación preventiva.
Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que esté pensando en hacer voluntariado, lo tiene claro: “que sean egoístas y se sumen”, dice entre risas, porque asegura que “recibimos más de lo que damos”. Aunque reconoce que le gustaría poder dedicar aún más tiempo, siente que la experiencia le aporta sentido.
También hace una reflexión crítica sobre la propia abogacía: “hay mucho desconocimiento sobre Extranjería”, señala, incluso entre profesionales del ámbito penal o del turno de oficio. Considera fundamental reforzar la formación y la implicación en este campo.
Miriam valora especialmente el compromiso del equipo de Málaga Acoge, destacando su esfuerzo constante: “se desviven por agotar hasta la última vía para ayudar”. Ese trabajo, aunque a veces frustrante, es el que finalmente “te compensa y te llena”.
Tras un año de experiencia, percibe además una evolución positiva en las instituciones con las que ha ido teniendo contacto junto a Carmen. “Veo a los profesionales más implicados”, afirma, y cree que es fruto del trabajo constante del equipo y de los resultados que se van generando.
Afirma sentirse muy a gusto en Málaga, donde vive actualmente, y destaca el carácter acogedor de su gente. No obstante, recuerda que Andalucía, y especialmente esta zona, tiene una realidad penitenciaria marcada por una alta presencia de población extranjera, lo que hace aún más relevante el trabajo que se realiza.
La entrevista se ve interrumpida por una escena que refleja bien su dedicación y compromiso con el voluntariado: Carmen entra para pedirle ayuda con una traducción. Miriam se levanta sin dudar para atender a Sara, una mujer que acaba de llegar a Málaga Acoge buscando apoyo.
El apoyo de Miriam se enmarca en el proyecto AMAL Intervención con personas privadas de libertad en situación de vulnerabilidad, una iniciativa de Málaga Acoge en el marco de la Federación Sur Acoge, que llevamos a cabo con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.





