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En un contexto social en el que las violencias machistas siguen siendo una realidad estructural, los espacios colectivos de aprendizaje, reflexión y acción se vuelven imprescindibles. Nuestra formación de Dinamizadoras comunitarias en prevención de las violencias machistas nace precisamente como una propuesta transformadora que pone en el centro a las mujeres como agentes activas de cambio dentro de sus comunidades.
Este espacio formativo no sólo transmite conocimientos, sino que promueve un proceso profundo de toma de conciencia, empoderamiento y construcción colectiva, donde cada participante aporta su experiencia, su voz y su mirada.
Destacar la cohesión de grupo como base del proceso.
Uno de los pilares fundamentales del taller es la creación de un espacio seguro, donde se genera un clima de confianza y cohesión grupal. A través de dinámicas participativas, se fomentan vínculos seguros donde las mujeres pueden expresarse libremente, compartir vivencias y reconocerse en las historias de las NOS-OTRAS. El enfoque metodológico del taller apuesta por la participación activa como motor de aprendizaje. Lejos de modelos tradicionales, aquí las mujeres participantes no son receptoras pasivas de información, sino protagonistas del proceso. Se trabaja con análisis crítico para identificar señales de violencias machistas no identificadas y totalmente normalizadas, reflexionando sobre respuestas comunitarias.
Deconstruir para construir.
Un elemento clave del taller es el proceso de deconstrucción. Identificar y cuestionar creencias, estereotipos y mitos arraigados sobre el género y las violencias machistas es un paso necesario para poder avanzar. El taller incorpora una perspectiva de género e interseccional, reconociendo que las experiencias de violencia no son homogéneas y están atravesadas por múltiples factores como la edad, el origen, la orientación sexual, la situación socioeconómica o la diversidad funcional.
Para trabajar esta mirada, se utilizan dinámicas con el grupo de mujeres, donde se presentan historias de mujeres con distintas realidades. Además, se promueve el intercambio de experiencias personales, entendiendo la diversidad como una riqueza colectiva que amplía la comprensión del fenómeno y fortalece la intervención comunitaria. Más allá del espacio formativo, la formación impulsa a las participantes a convertirse en dinamizadoras comunitarias, capaces de replicar lo aprendido en sus entornos y generar impacto social.
Durante la formación se desarrollan microacciones comunitarias, donde cada participante o grupo crea una propuesta concreta: desde organizar charlas en su barrio, hasta diseñar campañas de sensibilización o crear redes de apoyo vecinal.También se trabaja en la elaboración de un “mapa de recursos locales”, identificando servicios, asociaciones y puntos de apoyo en su entorno, lo que facilita una intervención más efectiva y conectada con la realidad de la comunidad y el territorio.
Esta iniciativa, impulsada por el Área de Género de Málaga Acoge, no es solo un espacio de formación, es un proceso vivo de cambio. Un lugar donde las mujeres se encuentran, se escuchan y se reconocen como parte de una transformación necesaria y urgente.
Porque prevenir las violencias machistas es construir comunidad.
Compartimos una galería con fotos de la formación que terminó el pasado viernes en Fuengirola:












