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El pasado jueves celebramos en Torre del Mar el taller “Ciclos con derechos: salud menstrual sin violencias”, un taller dirigido a las personas que acompañamos desde el Área de Género, con la participación también de algunas voluntarias.
La sesión comenzó con una pregunta de nuestra compañera Alba: “¿Por qué creéis que es importante hacer un taller sobre salud menstrual?” Una cuestión sencilla, pero necesaria, porque hablar de menstruación sigue siendo todavía un tabú para muchas mujeres.
A lo largo del encuentro, compartimos experiencias, dudas y aprendizajes sobre la salud menstrual, el dolor menstrual y la importancia de conocer mejor nuestro cuerpo. Alba preguntó también: “¿Alguna sufre dolor menstrual?” y a partir de ahí se abrió un diálogo muy valioso sobre cómo aliviar ese dolor de forma natural, con recursos como el calor local, el deporte o las infusiones de hierbas.
También hablamos de la diferencia entre menstruación y menstruación sostenible, entendida como el conjunto de hábitos y decisiones que nos ayudan a vivir este ciclo de una forma más consciente, respetuosa y positiva. La idea era clara: transformar las experiencias menstruales en experiencias que empoderen.
Uno de los momentos más importantes del taller fue cuando Alba explicó cómo muchas mujeres migrantes dejan de menstruar al salir de sus países de origen, debido al estrés y a las dificultades del camino. También se reflexionó sobre cómo se vive la menstruación en distintas culturas y sobre la realidad de la pobreza menstrual, que afecta a mujeres que no tienen acceso a recursos básicos como compresas o productos de higiene menstrual.
Que una persona tenga que recurrir a papeles de periódico como alternativa a las compresas, explicó Alba, es un indicador claro de pobreza menstrual. Varias mujeres presentes, procedentes de Somalia y Mali, compartieron además que en sus países de origen utilizaban telas o papeles como solución.
Durante el taller hicimos también una dinámica para explorar la relación de cada participante con la menstruación. A través de un gesto, cada mujer expresó lo que sentía: Elisabeth se llevó la mano al corazón, Cinthya juntó las manos como en oración o expresando alivio, y otra mujer de Somalia colocó las manos sobre el regazo como símbolo de dolor. La mayoría coincidió en que sentía molestias, y Alba recordó que no debemos normalizar el dolor menstrual: que nos hayamos acostumbrado a él no significa que sea normal.
Otro de los temas abordados fue el ciclo menstrual y sus diferentes fases. Cada mujer pudo expresar cómo se siente en cada momento: molesta, con apetito, débil, de mal genio, cansada o con dolor, entre otras sensaciones. También se explicó cómo registrar el ciclo menstrual mediante aplicaciones, cuadernos o el diagrama lunar, atendiendo a aspectos físicos, emocionales, cognitivos y espirituales.
Además, conocimos mejor la sangre menstrual, los distintos colores que puede presentar y varios productos de higiene menstrual sostenible, como la copa, el disco , la esponja o las bragas menstruales. Hablamos también de alteraciones del ciclo como la dismenorrea, el dolor durante la menstruación, y la amenorrea, la ausencia del ciclo.
Para cerrar el taller, invitamos a las participantes a escribir en una gota de cartulina qué se llevaban de la sesión. Esas gotas, recogidas en los cuatro talleres celebrados en Fuengirola, Málaga, Antequera y Torre del Mar, formarán parte de un gran lienzo sobre la pobreza menstrual que se presentará próximamente y que se sumará a nuestro proyecto Artistas Acoge.
Seguimos trabajando para crear espacios seguros donde hablar de menstruación sea hablar de salud, derechos, bienestar y acompañamiento.
Este taller forma parte del proyecto “Formación comunitaria para la prevención de violencias machistas”, que realizamos con apoyo de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.
A continuación, compartimos algunas imágenes del taller en la galería:

















