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La violencia machista no es un problema individual, es estructural, profundo y multidimensional y por ello no se puede abordar desde la soledad de un despacho, una consulta o una oficina. Combatirla exige algo que va más allá de los recursos: exige voluntad colectiva, coordinación real y trabajo en red.
Las asociaciones de mujeres llevan décadas siendo el tejido vivo de la respuesta comunitaria. Los centros de atención municipales ofrecen acompañamiento especializado. Los centros de salud son, muchas veces, la primera puerta a la que llama una mujer que aún no tiene palabras para lo que le está ocurriendo. Los servicios sociales, las fuerzas y cuerpos de seguridad, los centros educativos… cada uno desde su lugar, cada uno con una pieza del puzzle. Por todo ello, los encuentros de trabajo en red son una necesidad.
Necesitamos espacios de encuentro reales, no reuniones protocolarias que se celebran una vez al año y quedan en un acta. Necesitamos mesas de coordinación vivas, con continuidad, con seguimiento de casos, con confianza entre profesionales construida en el tiempo.
Las asociaciones de mujeres no son un complemento decorativo del sistema: son piezas fundamentales, con conocimiento acumulado, con acceso a realidades que las instituciones muchas veces no alcanzan, con una escucha cercana que se debe complementar y unir, lo público y lo privado, lo institucional y lo comunitario.
La prevención de las violencias machistas —en plural, porque son muchas y adoptan múltiples formas— requiere que lo institucional y lo comunitario se reconozcan mutuamente, se cedan espacio y aprendan a caminar juntos y juntas.
No hay respuesta efectiva sin esa alianza.
Coordinar es compartir información. Comprometerse es asumir responsabilidad colectiva. El trabajo en red digno de ese nombre implica protocolos comunes, lenguaje compartido, formación conjunta y, sobre todo, una convicción: que ninguna entidad puede hacerlo sola y que es hora de pasar de la coordinación al compromiso.
Los encuentros entre profesionales y entidades no son un gasto de tiempo. Son una inversión en vidas. Son el espacio donde se construye la respuesta coordinada que las mujeres necesitan y merecen.
Porque la violencia machista se sostiene en el aislamiento. Y nosotras, en cambio, nos sostenemos juntas.
Las reuniones que hemos llevado a cabo en Fuengirola con asociaciones como Mijitas, AECC, Centro Municipal de Información a la Mujer de Benalmádena (CMIM), Asociación de Mujeres Arroyo-Benalmádena, en Centro de Salud de Fuengirola o la Asociación de pacientes con fibromialgia, fatiga crónica y otras enfermedades reumáticas Apaffer, se enmarcan en las acciones del Área de Género de la entidad.
A continuación compartimos algunas imágenes del trabajo en red con distintas asociaciones:












