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por Fátima Zohra*
Hace poquitos años, cuando empecé a ver las noticias como hacía mi padre, entendí por qué siempre se enfadaba con lo que veía, ver a todos esos inmigrantes morir, ser víctimas sentenciadas a la corrupción, a una religión que, a la vez mía, tachada de un solo sustantivo, sabiendo con solo trece años que las personas odiaban a otras personas y no por serles infiel, haberles robado, ni por ser asesinos de alguien querido, no, simplemente por su origen. Que irónico que seamos del mismo mundo, donde todos habitamos, anda, que somos del mismo planeta gente.
Y al final la única realidad cien por cien verdadera que hay es, como dijo Jean Jaurès: “En el fondo hay solo una raza: LA HUMANIDAD”.
Escuchando las historias el miércoles 13 de diciembre, durante el conversatorio por el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nos podría retratar todas con un cuadro de lágrimas, porque las de ellos se secaron mientras vivían las experiencias más deshumanas, una pequeña e inocente niña de doce años, mientras yo lloraba por los zapatos que mi madre no quería comprarme, ella se ahogaba en sus llantos en silencio, obligada a casarse con un hombre de cincuenta y siete años, cómo podría ser eso normal, cómo hemos llegado a permitir este delito, hemos dejado a niñas entrar en el infierno sin pecado alguno a sus espaldas. Cuando murió ese hombre la obligaron con toda indecencia a casarse con el hermano. Obviamente no sería una viuda en libertad, su condena era perpetua.
Pero prefirió ser nombrada fugitiva, ojalá fuera solo ese calificativo que la siguiera, pero no, deshonra para la familia, tachada de persona, para ser otro objeto gratuito de tantos perversos allí a fuera y ella una niña tatuada con tinta invisible de traumas.
Ella una de las lágrimas derramadas en sus tierras hasta llegar aquí, solo cumplió su derecho a la libre circulación por campos minados, su derecho a la libertad entre inhumanos. Simplemente quería que sus hijos tuvieran el derecho a la VIDA, a la vida, la puta vida, solo eso, que más querrán. ¿Qué más quiere una persona?
Pero aquí llega la gran cuestión que los “políticos blancos” expandieron como una plaga en estúpidos, ¿quién sí y quién no es humano? Ya os dije, las neuronas se les quemaron al formular esa cuestión, no tienen culpa.
Pero la respuesta es fácil, SÍ, todos somos humanos, todos pensamos, tenemos huesos, sangre, tenemos deseos, sueños.
Me di cuenta ahora, mientras la miraba allí, junto a mí, en la misma conversación, fijándome en el brillo de sus ojos, sentí el león tras ella protegiéndola. Antes la impotencia de querer ayudar y no saber cómo me mataba por dentro, era como si te sedaran tu cuerpo, pero tu mente estaba en continuo movimiento, pero allí, en ese compartir de emociones, realidades, escenarios, se convirtió escuchándola en la rabia que me hace tener la vida a mi favor para poder cambiar desde abajo hacia arriba la realidad de que tenemos desde hace 75 años, una Declaración de Derechos Humanos en el proceso de cumplirse como se debe, empezando con el primer artículo “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos , dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”
Gente, nosotros somos los que tenemos el poder de cambiar el mundo, uno de los chicos de Save the Children, uno de los muchos que ya ha dicho BASTA y realmente BASTA YA, ya no podemos seguir en el siglo en el que estamos con tantas injusticias, pero nuestro problema de verdad es el egoísmo que lo tenemos inculcado desde siempre. Y somos una sociedad, una sola, no más. Y hay que respetar eso por lo menos.
Fátima Zohra es vicepresidenta de Málaga Acoge
Fotografía: Jesús Mérida





