“Aprender a leer y escribir en español es un refuerzo social y humano importante para las mujeres migrantes”

Aprender a leer y escribir en español representa para las mujeres inmigrantes un refuerzo humano y social muy importante. Así lo piensa la coordinadora de las clases de español en Málaga Acoge, Carmen Espeja, que comenzó hace cinco años como voluntaria en el Área de Educación de la asociación.  

Carmen cuenta que entre el alumnado hay mujeres marroquíes que llevan muchos años viviendo en España con un buen nivel de comunicación oral, pero que no saben leer ni escribir.

El español es una herramienta que les brinda la posibilidad de ser más autónomas “porque es penoso tener que depender de alguien que lea o escriba por ti”. El hecho de asistir a las clases de Málaga Acoge también permite a estas mujeres entrar en contacto con otras personas de distintas nacionalidades o de la suya propia e intercambiar información y establecer vínculos para ayudarse mutuamente.

Entre varias anécdotas que narra Carmen está la de una alumna que le contó la envidia que sentía al ver a una persona leyendo a su lado en el autobús. Otra mujer, después de un tiempo asistiendo a las lecciones le dijo con entusiasmo que ya era capaz de escribir su nombre en un papel. Y la de aquella otra que afirmaba que no quería morir sin aprender a leer y escribir en castellano.

Las mujeres, principalmente marroquíes, representan sólo una parte de los 150 alumnos y alumnas inscritos en las clases de español de la asociación en la capital. Las hacen posible una veintena de voluntarios en la sede de Bustamante. También se imparten clases de castellano en las sedes de Fuengirola, Antequera y Torre del Mar. 

En Málaga se ofrecen clases los martes y los jueves en horario de mañana, de 9.30 a 11:00 y de 11:00 a 12:30, y de tarde de 5:00 a 18:30 y la asistencia media es de unas 80 personas que se dividen en grupos de ocho con dos profesores voluntarios cada uno. La atención es personalizada en función de las necesidades del alumno.

El nivel de satisfacción, valora Carmen, es alto tanto entre los voluntarios, que están muy coordinados, como entre el alumnado. “El ambiente es muy agradable y las relaciones muy fluidas”, comenta.

A comienzos de este año se incorporó a las clases de español de la sede de Málaga capital una nueva voluntaria, Pilar, y forma parte del equipo gente joven que encuentran en dar clase una oportunidad de hacer algo útil.

En 2016 un porcentaje muy alto de los asistentes a las clases procedía de Ucrania y otros países de Este y en menor medida de África. Este año Carmen nota que ha aumentado el número de alumnos y alumnas africanos de forma que la presencia de ambas procedencias está más equilibrada.


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