Un puente hacia un futuro digno

Por Agustín Olías.

Disponer de una vivienda es un derecho reconocido por nuestra Constitución. Pero por diversas circunstancias, esto no es siempre posible. Málaga Acoge pone su granito de arena para paliar en lo posible esta situación, especialmente dramática en ciertas familias inmigrantes. Por ello, dentro de sus actividades se encuentra alojar en pisos de acogida a familias inmigrantes que están en situaciones límites, prácticamente en “situación de calle”. En Málaga capital la organización gestiona dos pisos, incluidos dentro de los programas del Departamento de Vivienda.

Para conocer con más detalle esta realidad, he charlado con Carmen Pérez, antequerana, trabajadora social, técnica de los pisos de acogida de Málaga Acoge en la capital malagueña. Carmen lleva trabajando en la asociación desde hace once años, aunque “solo” desde abril de 2013 en los pisos de acogida. La acompaño en su visita a uno de estos pisos, donde he conocido a las familias que allí viven. Además de ella, en Málaga Acoge trabaja Rabia Banou, que también desarrolla su labor en los pisos de acogida desde hace años y realiza una labor muy similar a Carmen y en coordinación con ella.

Carmen nos cuenta cuál es el proceso de admisión de una familia en un piso de acogida:

Piso acogida 041214

“Mi trabajo empieza con una primera entrevista con las familias que nos envía Puerta Única, que es el organismo que recepciona a todas las familias sin hogar de Málaga capital y que, en función de los perfiles y de las plazas que haya, los derivan a los diferentes recursos existentes en las entidades que forman parte del proyecto. Una primera entrevista que sirve para valorar su idoneidad para incluirlas en nuestros recursos. Una vez que la familia está en el piso, trabajo apoyándola en diferentes aspectos, como pueden ser la orientación laboral,  poniéndolas en contacto con los diferentes departamentos de Málaga Acoge (Área de Empleo, Departamento Jurídico, Vivienda…), además de realizar las gestiones propias del piso. Lo habitual es que varias familias compartan la vivienda. Yo dejo que ellas se organicen en cuanto a las tareas habituales (limpieza, cocina, uso del espacio común) y solo si surge algún problema o alguna situación que por sí solas no pueden gestionar, intervengo yo.  Me ocupo también de que la parte social la tengan cubierta”, explica la trabajadora social de Málaga Acoge.

Además, Carmen me cuenta que tiene el apoyo de dos personas voluntarias con las que está organizando una serie de talleres por las tardes, con las madres que viven en los pisos y otras personas que participan en los diferentes programas de Málaga Acoge, con la intención de que obtengan una formación básica y crear grupos de autoayuda. Después de todo esto, tengo mucho interés en visitar alguno de los pisos, ver quién vive allí y cómo es la convivencia. Por el camino, Carmen me da los detalles:

“El piso tiene tres habitaciones, cocina, salón y cuarto de baño. Ahora mismo viven allí dos familias, monoparentales. (Me aclara que es lo habitual en estos pisos: familias monoparentales, formadas por la madre con sus hijas e hijos). Una de ellas es marroquí, madre con una hija de cuatro años y dos hijos de dieciocho y veintiún años, éste último con grado muy alto de discapacidad. La otra familia es nigeriana, madre con dos hijos de siete y ocho años.”

En el piso nos reciben Stella y Naima, ésta con sus dos hijos mayores. Los más pequeños están en el colegio. El piso está situado en una barriada humilde de Málaga. Se ve limpio y ordenado. Naima me dice que se organizan bien y que, a veces, comparten el arroz que hace Stella, y otras veces el cous cous que hace ella.

Dejo el piso gratamente impresionado por la labor que desarrolla Málaga Acoge; pero antes, una última pregunta para Carmen: ¿Cuánto tiempo puede estar una familia en uno de estos pisos?

“Lo ideal es que estén el menor tiempo posible. Lo que pretendemos es que las circunstancias que hacen que las familias estén en situación de calle se solventen lo antes posible. Estas soluciones suelen pasar por conseguir trabajo, en la mayoría de ocasiones. La inserción laboral suele ser el puente que hace que esa familia se autogestione, que salga del piso y pueda llevar una vida en su propia casa. También está la parte social, que influye muchísimo en que la madre pueda acceder a un puesto de trabajo. Por ejemplo, en el caso de la familia marroquí que tenemos en este piso, si la madre no dispone de un recurso que permita “liberarla” del cuidado del hijo que tienen con una gran discapacidad, le será muy difícil encontrar trabajo. Nosotros nos planteamos, como referencia, seis meses de estancia en el piso. Pero dada la situación económica y social que vivimos, ese tiempo se puede alargar según la problemática de la familia. O acortarse si todo va muy bien.”

Agradezco enormemente a Carmen el tiempo y la atención que nos ha dedicado, que nos permite conocer con algo más de claridad las circunstancias de su trabajo y de las familias con las que desarrolla su labor diariamente. Igualmente, muchas gracias a Stella y Naima por su hospitalidad y amabilidad. ¡Ojalá este piso sea el puente hacia un futuro digno para ellas y sus hijas e hijos!

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