«Lo mejor es, simplemente, aceptar la convivencia entre todas las personas»

El mexicano Miguel Duarte dejó su ciudad natal, Monterrey para trabajar en un chiringhito malagueño. Ahí estuvo dos años y, luego, empezó a realizar cenas, comidas y eventos relacionados con la cultura mexicana. Algo que nos cuenta en esta entrevista para la campaña ‘Todas las piezas son importantes’.

Entrevista a Miguel Duarte from Málaga Acoge on Vimeo.

¿Cómo es Monterrey?

Es una ciudad al norte de México, en la frontera con Estados Unidos. Es una ciudad muy industrial, hay muchos negocios… Muy bonita y muy limpia, también. Se le conoce mucho en México porque tiene una montaña que se llama ‘El cerro de la silla’, que se llama así porque tiene la forma de una silla de montar a caballo. Pero en fin, es muy bonita, muy grande, la gente es muy alegre, mucha fiesta, muchos asados.. Mucho sombrero y mucha bota, mucha camisa de cuadros…

¿Por qué decidió dar el salto de Monterrey a Málaga?

Una chef que conocí en mi ciudad me invitó a venir a trabajar en su chiringuito y estuve ahí dos años trabajando.

¿Y que pasó después?

Málaga me gustó mucho y después de trabajar ahí dos años decidí venirme a vivir al centro de la ciudad. Conocí a mucha gente, comencé a hacer lo que hago y me gusta: cocinar. Y la gente le ha gustado la idea y me he quedado aquí.

Cuéntenos más sobre lo que hace…

Todo comenzó hace dos años más o menos. Invité a un grupo de amigos a comer a mi casa. No tenía trabajo y les dije: Vayan a mi casa, y como no tengo trabajo, si les parece yo les cobro la comida y luego nos quedamos ahí un tiempo charlando. Así lo hice, la gente fue a comer a casa, trajeron amigos y, de pronto, pues esto ya se vio como un grupo de amantes de la gastronomía mexicana. Y ya, de a poco, comenzamos a hacer eventos más grandes, el Día de la Independencia, reuniones, fiestas, noches temáticas… Comencé con una idea algo más clara de lo que me gusta hacer.

 ¿Y qué suele ofrecer a sus invitados?

A mí me gusta mucho promover, entonces me voy más allá de lo comercial y lo común. En mis cenas buffet o mis reuniones, hago una presentación de todas las opciones que doy: arroz a la mexicana, guacamole, un plato que se llama ceviche que es de origen peruano pero modificado a lo mexicano, flautas, enchiladas, sopes, tostadas… En tiempo más frío pozole, sopas típicas… Opciones de distintos tacos… Y les digo, por ejemplo: Esta receta es típica del estado de Puebla, y lleva chocolate y estas cosas y se llama mole. Del norte tengo asado de cerdo, que es cerdo guisado con un chile que se llama chile guajillo… Es decir, explico de la región qué es cada plato, qué ingredientes lleva… Y eso a la gente le gusta mucho.

¿Qué es lo que más sorprende a sus invitados de toda esa información?

El picante. Aunque, mira, a mí también me ha sorprendido: Me he dado cuenta de que aquí a la gente le guste realmente el picante. Yo generalmente cocino sin picante, a no ser que el plato exija un nivel de picante. Y la gente me pide picante. Lo que sí me gusta mucho es cuando se sorprenden al platicar de que nosotros distinguimos sabores de picantes, es como un buen vino: tiene sus matices, tiene muchas cosas que le puedes buscar. Y cada picante tiene su personalidad por decirlo de alguna manera. Y cuando les hablamos de que, por ejemplo, los chupa chups vienen cubiertos de picante y con eso te vas toreando y ya de adulto soportas cualquier cantidad de picante: Eso les sorprende mucho. O cuando pongo trozos de sandía o naranja con picante, lo prueban y les gusta mucho, aunque era un plato que no se imaginaban.

¿Y hay cosas que haya ‘malagueñizado’ o todos los ingredientes los trae de México?

Yo tengo proveedores de Sevilla, Barcelona, Madrid… Y cuando vas mis amigos a México, me traen chiles y cosas así. Pero muchas de las cosas las encontramos aquí, sólo que cambian los nombres. El chile guajillo por ejemplo aquí se llama pimiento choricero. Es cuestión de ir buscando y de pronto te encuentras cosas que no te imaginabas.

¿Qué hay que hacer para ir a uno de sus eventos?

Yo tengo un grupo de Facebook que se llama ‘Los ojos de María’, un nombre que viene de una actriz del cine méxicano de la época de oro. Y ahí se pueden unir, ver dónde nos vamos a presentar, qué hacemos…

¿Ha sido Málaga entonces un lugar acogedor para usted como persona inmigrante?

Los malagueños son muy hospitalarios. Se han portado muy bien conmigo, me tratan muy bien, son muy agradables. Sí existe eso de que nos cuesta entendernos… Cuando yo llegué no entendía bien lo que me decían y no se entendía lo que yo decía… Pero es cuestión de adaptación y sí, la gente es muy buena. Me encanta Málaga.

¿Y los mexicanos ven de alguna manera estereotipada a los españoles?

Bueno, desde México a Argentina, allí se os llama gallegos: Chistes de gallegos son chistes de españoles, por ejemplo. Y cosas así. Pero yo creía que todos hablaban castellano muy bien, perfecto, bonito como lo hablan los de Madrid. Pero me di cuenta al venir que hay muchos acentos, como en México: gente que habla más rápido, junta las palabras… Hay un poco de todo y eso es muy interesante.

¿Qué cree que aporta la diversidad a una sociedad?

En Monterrey no se ve tanta diversidad cultural como aquí. Hay diversidad, quizás, nacional, porque hay gente de Puebla, Chipas, Oaxaca… Pero no es normal encontrarse con un francés, un español… En cambio aquí sí: Aquí me he encontrado gente de toda América y gente de muchas partes del mundo. Yo creo que la mezcla enriquece muchísimo, sobre todo la mentalidad de todas las personas. Muchas veces pensamos que vengo de tal lugar –un lugar que para todos tu país natal va a ser un gran país- y sin embargo te das cuenta que hay muchas más culturas, muchos más lugares, que el mundo es muy grande y te das cuenta de cómo es la gente. He conocido gente de Rusia, por ejemplo, que no tenía yo la noción de cómo eran: y siempre se piensa en el estereotipo, los rusos son de una manera, los argentinos de otra… Pero que va, luego es diferente. Es muy interesante conocer gente de todos los sitios.

¿Qué se le puede decir entonces a un racista?

Yo te puedo decir que, sobre todo, hay que pensar en el pasado y la historia de cada lugar. España, como cualquier país, tiene su historia. Y ahí encontramos muchas razones por las cuales vale la pena o no está de mas aceptar a la gente que viene de otras partes. Es como ahora, que se está dando que la gente está saliendo de España, y ya lo habían hecho antes y de otros países también salimos y también recibimos, como en México, donde hay un montón de españoles. Y eso es así en todas las partes del mundo. Lo mejor es, simplemente, aceptar la convivencia entre todas las personas.

 

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