«Estar en Málaga es lo mejor que me ha pasado»

Oussama ha hecho un árbol con alambre de cobre. Es un regalo para Rafael, profesor del Instituto Vicente Espinel donde cursa la ESO. Ha grabado su nombre en árabe en la base de madera. «Estar en Málaga y en el instituto es lo mejor que me ha pasado. Para mí esto ha sido una maravilla, un avance. Estoy muy contento», cuenta en su habitación, en uno de los pisos que mantiene la asociación en la capital y que comparte con una familia.

«Estudiar es muy bonito para mí», comenta, enseñando orgulloso sus últimas notas: tres seises. «He llamado a mi padre, a mi tío, se lo he dicho a todo el mundo», se alegra. Al borde de los 29 años y con un «mal pasado», dice, que le restó oportunidades, ahora su «idea» es terminar la ESO y formarse en «electricidad, instalación, reformas…».

Oussama sirve un té muy dulce con sabor intenso a hierbabuena. «El secreto está en dejarlo reposar un buen rato». Hace ocho meses que llegó a La Línea de la Concepción tras pasar cinco horas en una patera en El Estrecho junto a otras once personas. «La parte de atrás estaba llena de agua. Tuvimos mucha suerte de llegar con vida». Nacido en Tetuán, vino a España porque se sentía «prisionero» en su país.

Habla muy bien español y es que esta última llegada en patera no su primera vez en España. Es la tercera. Primero, siendo un niño de 8 años, llegó escondido en un camión y la segunda dos años más tarde a bordo del velero de un hombre extranjero que le recogió junto a un amigo en Ceuta donde hacían vida en la calle.

«He nacido en un barrio de chabolas con muchos conflictos, sangre y hambre, la gente sufría mucho. Con 7 años vendía sal, ayudaba a coger bolsas en el mercado para que me dieran propinas, pasaba por la plaza donde vendían pescado y me daban. Al recordarlo duele. Al final me tuve que ir». De niño estuvo también en las calles de Ceuta: «Cuando me preguntaban a dónde iba tan chiquito, decía que a buscarme la vida. Me daban dinero, comida, alguna ropa en el puerto…».

Entre el segundo y el último viaje a España pasaron 14 años. «Tenía bien claro que podía morir en El Estrecho, pero me sentía encerrado entre cuatro muros de una cárcel. Si no fuera por este país y vosotros, yo no iba a ser lo que soy ahora. Siempre estaré agradecido».

Cada vez que habla con su padre, Oussama le dice que tiene una «buena vida», que come y duerme. Siempre está maquinando algo nuevo que hacer: una estantería a base de cristales y un tronco, esculturas, lámparas con alambre trenzado… En estos días lo está organizando todo para pintar el piso en el que vive y a hacerle algunos arreglos.

«Ahora quiero evolucionar en un trabajo, vivir con lo mínimo. Lo que he perdido en muchos años lo estoy recuperando aquí. Estoy estudiando», asegura mientras sostiene el libro “La conquista de la voluntad”, el primero, apunta, que voy a leer completo.

Apoyada en la pared hay una bicicleta amarilla con la que hace deporte. «La cuido mucho y me ayuda en pequeños trabajos. Fue un regalo de mi padre por mi 28 cumpleaños», cuenta. Da por cerrado el capítulo de su vida en el que le atrapó la «enfermedad» de la droga. «Lo hacía porque estaba quemado por dentro, para olvidar y estar en un mundo imaginario», asegura, mostrándome en su móvil fotos de sus «épocas malas y buenas y cómo he cambiado».

Le gustaría mucho, dice con los ojos aguados de emoción, apoyar a chavales que atraviesen malas situaciones, valiéndose de su propia experiencia.

No oculta que cuando sale a la calle, «hay miradas, palabras que atacan. No todo el mundo me mira bien». Achaca este rechazo a la falta de información que tiene la gente sobre las personas migrantes. Entre otras cosas, los medios de comunicación «no nos lo están contando todo, nos dejan con algo limitado. Faltan nuestras voces, el motivo por el que estamos viniendo aquí».

«Yo soy humano y la tierra es mi casa vaya donde vaya, sea a Marruecos o aquí. Lo que intento es buscar una mejora porque mi país no me da lo que realmente quiero».

La vivienda en la que se aloja Oussama forma parte del proyecto de acogida temporal para personas inmigrantes en situación de exclusión socio residencial “Pisos Puente” que desarrolla Málaga Acoge con el apoyo económico del Área de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Málaga.

Oussama prepara el té en la vivienda que comparte con una familia desde noviembre de 2018

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies