«Cada palabra es una historia»: así son las clases de español en Málaga Acoge

Dos días por semana, la sede de Málaga Acoge en calle Bustamante toma más vida de lo normal.   El ajetreo suele ser constante, pero cada martes y jueves, tanto por la mañana como por la tarde,  grupos de vecinas y vecinos de diversas nacionalidades sacan dos horas de su tiempo para acudir a las clases de español. Victoria, Pilar y María Luisa son tres de las profesoras voluntarias que imparten este curso.

Victoria García Guerrero Strachan es profesora de Lengua. Cuando se jubiló en 2008 no se lo pensó dos veces y ,desde entonces, es voluntaria en Málaga Acoge. “Dar clases de español a inmigrantes es algo muy bonito, muy especial, porque parece que somos nosotros los que enseñamos, y son ellos los que nos enseñan a nosotros”, reconoce. En esto, coinciden tanto Pilar Ampudia, como María Luisa. 

Pilar comenta que cada día se va muy contenta a casa por todo lo que aprende. En su clase  hay  cinco mujeres a las que imparte ante todo clases de alfabetización. “La mayoría de personas a las que enseño no recibieron alfabetización en su país y eso les crea una inseguridad tremenda. Lo que necesitan es poder desenvolverse en español, pero más importante que el español es poder comunicarse, para poder contar quiénes son y qué están viviendo”. En este sentido, la relación con la sociedad, donde puedan practicar lo que aprenden en las clases para perder el miedo, es uno de los trabajos imprescindibles de estas profesoras.

Por eso, María Luisa nunca olvida las recomendaciones de Carmen, la coordinadora voluntaria de estas clases de español en Málaga Acoge. “Nosotras trabajamos el día a día, las rutinas de cualquier persona como ir al mercado, a los servicios públicos. Por ejemplo, Carmen empieza con un diálogo que casi siempre tiene que ver con la cocina y como las personas que vienen también son expertas en cocina se establece un vínculo muy grande en el que compartimos muchas cosas”.

“Cada palabra es una historia y cada persona es un mundo”, comparte María Luisa. Esta profesora, también voluntaria, antes  ejercía dando clases de matemáticas: “he pasado de ser la profesora más temible a ser la persona más feliz del mundo aquí en Málaga Acoge”. Ella insiste en que “hay que quitarse los estereotipos hacia las personas migrantes, conocer a todas las personas, nadie es más que nadie”. La comunicación se convierte en una herramienta muy importante para conseguir esta inclusión y por eso es una apuesta de Málaga Acoge que no sería posible sin todas las personas voluntarias que dedican toda su empatía y sabiduría.

 

 

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