“No vale de nada agachar la cabeza”

Ibrahim, un joven ghanés de 23 años, contó su experiencia migratoria en la entrega de los Premios Incorpora Joven -de la Obra Social de “la Caixa”- celebrada el jueves 27 de noviembre de 2014. Os dejamos aquí su historia escrita por él mismo:

Me llamo Ibrahim. Tengo 23 años. Soy de Ghana y muchos de los que estáis aquí me conocéis muy bien. Trabajo en la Pizzería Ciao, ahí en calle Granada. Estoy contentísimo de vivir en Málaga, ciudad que me ha tratado siempre bien. Pero la sonrisa que hoy os muestro es fruto de un largo camino, de mucho esfuerzo, de muchos problemas. De multitud de obstáculos. Y de mucha gente que me ha ayudado a superarlos. Os cuento cómo llegué hasta aquí para que lo entendáis mejor.

En 2008 yo tenía 17 años. Vivía en Ejura, una pequeña ciudad. Tenía un rebaño de ovejas y cabras, ayudaba a mi tío en las plantaciones de maíz, cacahuetes o mango y conseguía dinero comprando viejas bicis, arreglándolas y vendiéndolas. Soy muy independiente y quería independizarme pronto, no depender de nadie. Era muy trabajador y conseguí ahorrar y, un día, salió una oportunidad para viajar a España en patera. Era mucho dinero, pero podía pagarlo, así que aproveché la ocasión y le di la plaza a mi hermano mayor para que tuviera un mejor futuro en Europa. Yo, mientras, prefería ganarme la vida en mi país. Pero resultó que, en el viaje hasta la patera, mi hermano se enamoró y decidió no viajar a Europa… Mi dinero no me lo iban a devolver, pero me aseguraron que la plaza me la guardaban. Así que un día amanecí, me despedí de la familia y aunque mi abuela –que en paz descanse- no paraba de llorar diciendo que era muy joven para irme, me subí a un autobús camino de Mauritania.

La sonrisa que hoy os muestro es fruto de un largo camino, de mucho esfuerzo, de muchos problemas. De multitud de obstáculos. Y de mucha gente que me ha ayudado a superarlos. Os cuento cómo llegué hasta aquí para que lo entendáis mejor.

Fue un viaje duro. Recuerdo, por ejemplo, cómo la Policía me retuvo en Burkina Faso hasta que entendieron que mi visado de estudiante estaba en regla -no sabían inglés- y luego tuve que correr durante dos horas por el bosque con mi mochila a cuestas para volver a subirme al autobús. ¡Vaya experiencia! Pero para experiencia el viaje en patera: éramos 70 personas en una barca de madera en pleno mes de agosto. Y pasamos cuatro días hasta que llegamos a Tenerife con la ayuda de los delfines. Pasé cuatro días sin comer: todos los que comían algo vomitaban y se ponían enfermos, así que preferí no alimentarme. Fue muy duro.

IncorporaJOVEN

Llegamos a Tenerife, donde nos rescató Salvamento Marítimo y allí estuve un año en un centro de acogida por ser menor de edad. Yo, cuando llegué, mentí y dije que tenía 20 años… ¡No sabía nada de España o sus leyes! Pero un médico me hizo una prueba y determinó bien mis 17 años. Cada mes en el centro de acogida me daban 30 euros, que yo fui ahorrando hasta poder comprar un billete a Málaga, donde vivía un conocido de mi tío. Cuando me echaron del centro de acogida al cumplir a los 18 años, viajé a Málaga y conseguí un contrato para regularizar mi situación trabajando gratis y pagando yo la Seguridad Social. Así estuve dos años. Era la única forma de conseguir la documentación. No había otra opción. En ese tiempo también estudié y me formé como jardinero. Pero el contrato con la empresa acabó, así que tenía que seguir durmiendo en el salón del conocido de mi tío y me buscaba la vida como podía. Intenté estudiar y fui al instituto Rosaleda, pero no me dejaron por no tener a nadie que se responsabilizara de mí. Hasta que conocí a alguien que trabajaba en una discoteca en Torre del Mar. Y les ayudé con su jardín, que quedó muy bonito, luego a repartir publicidad y un montón de cosas más.

Habían pasado cuatro años desde que salí de Ghana y recibí una llamada diciendo que mi madre estaba muy enferma. Así que compré un billete de avión y volví lo más rápido posible. Era el 7 agosto de 2012 y ayudé a mi madre hasta que se puso mucho mejor. Volví el 24 de septiembre a Málaga. Mi madre había mejorado y, además, el empresario de Torre del Mar abrió otra discoteca, donde me contrató como encargado. Todo iba en buen camino. Me independicé y me fui a un piso compartido. Pero todo se complicó de repente: la empresa cerró y a mí me pidieron devolver todo el dinero que recibía del paro por haber salido del país sin avisar… Una multa que todavía hoy estoy pagando.

Pero no me resigné. No vale de nada agachar la cabeza. Decidí ir a Málaga Acoge para que me ayudaran a levantarme, porque a veces sólo es imposible. Me enseñaron mucho. Aprendí a buscar trabajo de manera presencial y por internet. Entrené cómo hacer entrevistas de trabajo. Ordenaron mi desordenado curriculum y me ofrecieron participar en cursos. Primero uno de mantenimiento, donde hice unas prácticas en el hospital Xanit gracias a que mi antiguo jefe de la discoteca de Torre del Mar, que se llama Antonio, me pagaba los viajes. Luego hice un curso de carretillero que me ayudó a encontrar un empleo durante una semana. Y finalmente salió otro curso de camarero que hice ya en Arrabal. En ese tiempo Antonio seguía, también, pagándome el alquiler del piso.  Fueron dos meses de teoría y un mes de prácticas en un curso que me ayudó a encontrar mi camino, que me enseñó mucho más que a ser camarero.

Un día, fuimos seis personas a la Pizzería Ciao para una entrevista de trabajo, todos de ese último curso. Yo era el único negro del grupo y pensaba que no tendría oportunidades. Fui el último en ser entrevistado. Pero me eligieron a mí y desde entonces trabajo allí, hace ya casi un año. Ahora puedo enviar dinero a la familia y, claro, ser independiente. Allí me han ayudado mucho a ser mejor camarero y a ser mejor persona. Y les estoy muy agradecido, aunque sobre todo es a Málaga Acoge a quien debo dar las gracias por haberme mantenido de pié, luchando por mi vida. Irene y Geno, del Área de Empleo de la asociación, me han abierto los ojos para seguir adelante, me han levantado después de cada caída.

Hace unos días estuve en Málaga Acoge hablando a los chicos que ahora están en la situación que yo tenía recién llegado a Málaga hace unos años. Les explicaba que Málaga Acoge no es una empresa; es un sitio que hace de madre y padre, un lugar que te enseña el camino en la vida, que te ayuda a enderezar tus pasos.

Hace unos días estuve con ellas hablando a los chicos que ahora están en la situación que yo tenía recién llegado a Málaga hace unos años. Les explicaba que Málaga Acoge no es una empresa; es un sitio que hace de madre y padre, un lugar que te enseña el camino en la vida, que te ayuda a enderezar tus pasos. Claro que es complicado, hay muchos problemas, todos tenemos problemas. Pero también existen muchas oportunidades que hay que saber aprovechar. La situación es dura, pero tú tienes que ser más duro todavía.  Siempre hay una salida. Siempre.

En febrero tendré vacaciones y podré volver a Ghana a ver a mi madre y mis hermanos, el mayor y los dos pequeños. Esta vez, iré en avión. Nada de patera ni de correr detrás de un autobús. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible. Gracias.

 

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