La importancia de conocer el idioma

Por Agustín Olías:

Una muestra del valor del voluntariado en Málaga Acoge lo podemos encontrar en las clases de español para personas inmigrantes que nuestra organización lleva a cabo. Esta tarea, fundamental para la integración de las personas inmigrantes, la realizan exclusivamente personas voluntarias de Málaga Acoge; no hay una financiación que la apoye ni, por lo tanto, profesores contratados al efecto.

Más de 230 alumnas y alumnos están matriculados en los cursos que la organización realiza en las sedes de Málaga, Fuengirola, Torre del Mar y Antequera, organizados en diferentes niveles, según el grado de alfabetización y conocimiento del español de los asistentes. Hoy he asistido a una de estas clases, en nuestra sede de la calle Bustamante de Málaga. He elegido una clase con un nivel medio de español, con el fin de poder hablar con las alumnas y alumnos, además de seguir la metodología y la realización de la clase.

Jorge, joven voluntario, es la primera vez que ejerce como profesor de español en nuestros cursos. Me da la bienvenida y me presenta a sus alumnas y alumno. Hoy solo han venido cuatro, a pesar de que están apuntados once: Mariama, Yulia, Jaklin y Alexander.

Están con un tema arduo y de nivel: la declinación de los verbos cuyo infinitivo termina en “er”. Una vez que conocen las reglas y las excepciones, se trata de lo más difícil: aplicarlas. Jorge les pide que pongan un ejemplo. Veo sus dificultades, comprensibles totalmente, para formar “la tercera persona del singular del pretérito perfecto simple del verbo saber”. ¡Uffff!

Aprovecho que somos pocos en clase para interesarme por sus procedencias, profesiones, qué buscan en España…., ciertos detalles humanos que, ya de paso que me los cuentan, sirve para que practiquen español con un nativo.

Yulia es una joven ucraniana, analista económica, que lleva escasamente seis meses en España. Increíble el nivel de español que ha alcanzado en tan poco tiempo. No domina todavía la correcta acentuación de las palabras, pero es capaz de hacer una frase completa usando “supisteis”. A Yulia le gusta mucho Málaga, por su clima, el estilo de vida, la alegría de la gente, que ella considera muy comunicativa.

Según avanza la clase surgen simpáticos problemas en el uso de palabras iguales que tienen distinto significado, aspecto que pasa desapercibido cuando uno es hispano parlante. Alexander, ucraniano, ingeniero electrónico, ya lleva año y medio en España y se nota; su nivel de español es alto y es capaz de diferenciar el “vino” de venir y el “vino” de beber o el “traje” de traer del “traje” de vestir.

Quien realmente me sorprende es Jaklin (y hace que mi moral baje al mínimo en cuestión de conocimiento de idiomas). Es una mujer iraquí cuya lengua materna es el asirio, además del árabe. Me quedo perplejo, pues el asirio es una lengua antiquísima que yo pensaba muerta; quizás la traducción al español no sea del todo exacta.  Me explica que es una lengua minoritaria y no oficial, hablada por algunas comunidades cristianas en Iraq. Pero Jaklin habla, además, inglés y está aprendiendo español. ¡Yo con mis problemas para aprender inglés y ella se maneja con soltura en cuatro lenguas, con tres alfabetos diferentes!

La clase sigue. Jorge se afana en resolver las dudas que van surgiendo, les anima a encontrar la frase correcta, les hace ver los sutiles detalles del español, ¡buen trabajo, Jorge!

Mariama está muy aplicada con sus apuntes de gramática. Quiere contestar bien a todas las preguntas que Jorge plantea. Parece muy joven, pero ya tiene veintinueve años. Es de Ghana y llegó a España hace año y medio aproximadamente. Además de su lengua nativa, habla inglés y, ahora, un español bastante bueno. Acudió a las primeras clases de español a una asociación marroquí de Málaga, y este curso se apuntó a las clases de Málaga Acoge.

Todos ellos se muestran muy contentos de estos cursos de español y agradecidos a Málaga Acoge por impartirlos, pues saben de la importancia de hablar bien nuestro idioma.

Lo que hoy he vivido es una muestra de la diversidad de procedencias, razas, culturas, edades y conocimientos que hay en las personas inmigrantes que se acercan a los cursos de español de Málaga Acoge. Todos con un único fin: aprender lo mejor posible una lengua que les permitirá encontrar trabajo, estudiar otras materias, resolver sus problemas burocráticos, defenderse en el día a día e integrarse más rápidamente en nuestra sociedad.

Todo gracias al esfuerzo de las personas voluntarias que deciden usar unas horas de su vida a este noble empeño. Muchas gracias a ellas y a ellos y, especialmente en esta ocasión, a Jorge por permitirme disfrutar de su clase.


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