“El paso por Málaga Acoge me ha transformado como persona”

Málaga Acoge homenajea a las alrededor de 2.000 personas voluntarias que han pasado por la entidad durante sus 25 años de historia en un acto celebrado en el Museum Jorge Rando que sirve para seguir celebrando el 25 aniversario de la entidad

Carmen, Teresa, Rosa, Germán, José Antonio, María Dolores, Arantxa, Pepe, Rafael, Charo, Juana, Carmela, Germán, Rosa, Coco, Elena… Málaga Acoge homenajeó ayer tarde a las alrededor de 2.000 personas voluntarias que han pasado por la entidad en sus 25 años de historia. Para ello, organizó una mesa redonda en la que participaron cinco de las personas que la han presidido: José Luis Rodríguez Candela, Eduardo Barceló, Elena Muñoz, Juan Pablo Arias y la presidenta actual, Adela Jiménez. No pudieron acudir al acto el resto de personas que han optado la presidencia: Sandrine Sánchez, Esther Montero, José Luis Sepúlveda y el ya fallecido Eufrasio Campayo. “El objetivo de esta actividad es homenajear al voluntariado, pero también escuchar las palabras de estas personas que han presidido Málaga Acoge para conocer mejor sus etapas y plantearnos retos para el futuro”, subrayó Adela Jiménez ante el medio centenar largo de personas que acudieron al acto, celebrado en el patio central del Musuem Jorge Rando de la capital malagueña.

El primero en participar fue el abogado José Luis Rodríguez Candela, que recordó que él también cumple ahora 25 años de voluntario en Málaga Acoge. “Llegué unos días más tarde de la firma del acta fundacional”, explicó, cuando Lourdes Ruiz le pidió que se uniera a la entidad para poder dar asesoría jurídica. “Yo estaba recién licenciado y no tenía ni idea de Extranjería, pero me sumé”, aseguró el hoy coordinador del equipo jurídico de Andalucía Acoge, que presidió Málaga Acoge entre los años 1996 y 1997. De su etapa recordó algunas anécdotas graciosas, pero también momentos duros como el primer vuelo de deportación que se realizó durante el gobierno de José María Aznar. “Se repartió por África a 103 personas que habían saltado la vaya de Melilla sedadas con haloperidol. Recuerdo aquella frase que dijo Aznar de ‘teníamos un problema y lo hemos solucionado’. Vaya solución dio”, subrayó Rodríguez Candela, que destaca la unión existente entre todas las personas que formaban Málaga Acoge en esos años. “Era una asociación mucho más pequeña y la situación era diferente, claro”, destacó.

Por su parte, Eduardo Barceló, recordó cómo en los años de su presidencia la entidad se pudo mudar de una “muy vieja sede en Capuchinos, casi en ruinas” a la actual de calle Bustamante, “un paso muy importante para la asociación porque se pudo atender mejor, ofrecer más actividades y mejorar en todos los sentidos”. Barceló aseguró sentirse aún muy unido y seguir formando parte de Málaga Acoge, a pesar de no estar en la presidencia. “Lo que yo aprendí es que los mejores años de tu vida son aquellos que dedicas a ayudar a los demás, en los que das tu tiempo. Es donde más se crece”, aseguró.

“Para mí, el mejor día como voluntaria de Málaga Acoge fue en el que dejé la presidencia”, dijo entre risas Elena Muñoz, presidenta de la asociación entre 2005 y 2009. Arrancaba así unas palabras en las que repasaba algunas de las muchas dificultades que suponen ejercer el puesto de presidenta, pero también cómo años después, sentía “mucho orgullo” por la labor realizada y por la labor que sigue manteniendo la organización. Los distintos problemas surgidos de manera casi periódica en el ya desaparecido Centro de Internamiento de Extranjeros de Málaga fueron una constante durante su presidencia, “años en los que insistí y trabajé mucho para aumentar el peso del voluntariado y que fueran ellos también los que formaran parte de la Junta Directiva”, destacó Muñoz. De hecho, ha sido siempre la fórmula de organización de la entidad: tanto la presidencia como las vocalías siempre han estado en manos de personas voluntarias. “El paso por Málaga Acoge me ha transformado como persona”, resumió finalmente Elena Muñoz.

Finalmente, un visiblemente emocionado Juan Pablo Arias relató cómo llegó a la presidencia “casi por casualidad”. “Me tocó asumir una responsabilidad que yo no busqué. Pero a mí si me buscaron: recuerdo como Juana –voluntaria en la Axarquía- vino a mi casa a pedirme que fuera el presidente”, recordó. Durante sus años de responsabilidad también fomentó el papel del voluntariado, que son el verdadero poder de Málaga Acoge. “Si un día se acaba el dinero, ¿qué nos queda? Pues los voluntarios. Y eso nunca lo debemos olvidar”, aseguró Arias, que durante su intervención recordó el peor momento de su presidencia: el incendio en la comisaría en el que murieron siete personas inmigrantes en las navidades de 2002. “Fue una experiencia muy dura. También interesante, pero durísima”, recordó, para acabar relatando cómo puede cambiar la vida de una persona participando en una entidad como Málaga Acoge. “Repito las palabras de Elena: “El paso por Málaga Acoge me ha transformado como persona”, concluyó. Finalmente, varias de las personas voluntarias de la entidad contaron también sus experiencias y relataron unas palabras de agradecimiento al trabajo realizado por todo el voluntariado de Málaga Acoge.

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